finalista artgerust - homenaje a edgar allan poe

El sábado charlaron sobre lo peor de todo. Nuria dijo que no encontrar novio. Alguien pidió dolor de verdad y se desgranó que te troceen con un serrucho sin afilar, toparse con la de la guadaña al doblar una esquina, ir a tu casa, dijo Zoé, y no encontrarla, no reconocer las calles ni ellas a ti, que nadie te recuerde ni te dé asilo.

    El domingo, el catequista afirmó que lo peor era morir en pecado y ellos temieron que los hubiera escuchado aunque no podían suponer cómo. Dijo que el castigo sería para siempre y les ayudó a imaginar qué es sufrir siempre. Asomaron el no-novio, el serrucho, la guadaña eterna.

     Cuando Zoé volvía a casa repasó sus pecados y sintió un temblor ligero. Luego, mientras esperaba que le abriesen, el catequista se le acercó y le preguntó si de verdad aquella era su casa. Zoé se apresuró a aporrear la puerta pero nadie le abrió. Nadie. Nunca.