Del 8 al 11 de marzo

Los cambios de posición de los dirigentes del Partido Popular en relación con el ocho de marzo, por la rapidez con la que se han producido, denuncian lo que valen las palabras de los políticos: nada. Absolutamente nada. Yo tengo unos principios, decía Marx (Groucho), pero, si no le gustan, tengo otros. Rajoy, Hernando, Cifuentes, Montserrat... han convertido su trabajo en la parodia de una parodia.

     Y como si nada.

    (Sostengo desde hace tiempo que, si los periodistas recurrieran a los políticos solo cuando realmente su trabajo fuera noticia, el país ganaría en salud, en cultura, en independencia de juicio, en madurez ciudadana. Nos quitaríamos de golpe esperpentos como el que acabo de contar y la atosigante presencia de tertulianos, algunos, verdaderas momias que ya no tenían nada que decir hace treinta años y siguen contando vaciedades de micrófono en micrófono.)

     Pero, si esto ha sido ridículo, lo de la cadena perpetua en eufemismo, rebaja la condición de Rajoy y sus secuaces (sí, secuaces) a la de miserables carroñeros, con todos mis respetos a los buitres, a los que tanto quiero. Rajoy no es mejor que los emperadores romanos que, para satisfacer a los espectadores, condenaban a la muerte inmediata al gladiador que no había combatido bien. Él y los suyos no dejan de repetir que crearon y mantienen la ley porque lo queremos la mayoría de los españoles, como si eso fuera verdad y eso fuera suficiente y, en cambio, no lo sea para tantas otras cosas en las que el gobierno se convierte en juicioso enmendador de los deseos disparatados del ciudadano. Y entonces van y flanquean a los padres de criaturas asesinadas (quienes, por cierto, se dedican ahora a hacer sorprendentes tournées de un escenario macabro al siguiente), como si el papel del gobernante fuera tomar la antorcha de la venganza y agitarla al viento para mostrar al pueblo lo bien que sabe dirigirlo hacia su destino.

     Entre las estupideces del inefable Hernando cabe destacar ésta: la ley no puede quitarse porque se ve que está funcionado bien. Dicho cuando solo se ha aplicado a un caso y justo después del último asesinato de un niño.

     Con dos cojones.

     Palabra de político. Nada. Basura.

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