Me quedo sin izquierda (I)

Decía mi vecino, aquel chiquilicuatre al que le pegaban todos los grandullones del barrio, que la aspiración de su vida era ser un día un tipo con los músculos de Maciste para resarcirse con creces de todas las veces que le habían sacudido. Hubiera dado la paga del domingo por ver cómo su mente fantaseaba con la manera en que sus puños destrozarían las mandíbulas de todos sus enemigos mientras las chicas de nuestra calle esperarían a que terminase la carnicería para tomarse con él una mirinda en la taberna de la plaza.


Diría que no he visto nada más parecido a aquel episodio que el análisis que hace Escolar sobre el nombramiento de la nueva fiscal general del Estado. Comienza diciendo que Sánchez ha estado poco fino, pero a continuación enumera algunas de las muchísimas veces que el PP ha utilizado la justicia en su beneficio y concluye que no hacer lo mismo sería de ingenuos: el nuevo Gobierno de coalición ha decidido responder a la derecha con sus mismas armas. Escolar termina avalando no solo el nombramiento sino todas las decisiones que tome la fiscal en el futuro parar ganar la guerra judicial: podríamos vivir en un mundo mejor, pero demostraremos que a malos tampoco se nos gana. 

 

Inmediatamente después del artículo aparece el reclamo publicitario del periódico, que se me antoja paradójico (una sociedad mal informada debilita la democracia) y las decenas de comentarios de los afines que piden más leña, más sangre, más mandíbulas rotas, que luego habrá mirindas para todos.


Temo que mi izquierdismo está quedando desactualizado. Ahora consiste en repetir los desmanes de la derecha en lugar de hacer lo posible (por ejemplo, leyes) por evitarlos: curioso aggiornamento.

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