La extinción del artículo

El artículo determinado está en vías de extinción. Cada vez se usa menos. Los cronistas políticos empezaron a hablar de Casa Real como si a la institución hubiese que cogerla con guantes o el artículo desmereciera su importancia, y al poco empezaron a producirse reuniones en Moncloa en lugar de en la Moncloa. En cierto momento, los periodistas deportivos empezaron a hacer correr a los futbolistas por banda derecha y a lanzar las faltas con pierna izquierda. Los aficionados al vino demuestran la exquisitez de su afición señalando el gusto que el brebaje deja en boca o señalando el valor de la botella en bodega. Recientemente, bien que sin querer, asistí en un bar de carretera a la repetición de la carrera de San Fermín y escuché con estupor que un corredor fue golpeado en mano derecha y un toro arremetió con cuerno izquierdo a no me interesaba saber quién.

 

 

    Diríase que la eliminación del artículo guarda relación directa con el establecimiento de un argot, la generación de un toque de distinción de un grupo con respecto a los demás, si bien no entiendo por qué tiene que pagar el pato de esa vanidad no satisfecha una de las partículas más modestas de nuestra lengua. Parece que en el caso de los aficionados al vino, nada puede hacerse por parte de ninguna autoridad competente, pero en el de los periodistas de todo tipo, es inexplicable que en los libros de estilo de las distintas empresas editoras no se ordene que se respeten adecuadamente las reglas gramaticales en lugar de dejarse vencer por modas sin sentido que terminan por convertirse en nuevas reglas ante la estupefacción de los que no somos puristas en nada pero no llevamos bien innovaciones sin sentido.

 

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