El programa electoral

El programa de Dolz se distingue del de Mariscal por la ausencia de planes, lo cual es de agradecer porque ya sospechábamos nosotros que el tiempo que se tardase en redactar lo que habría de hacerse no se iba a emplear en hacer nada, y así fue la cosa, que más allá del Toro de Cuerda no volvió a aparecer el Pprograma electoral por parte alguna de la ciudad, ni siquiera, pardiez, en lo tocante a las coronaciones virginales.

 

 

     Pero en el programa de Dolz, aparte de reparar cascotes y quitar pintadas, no estoy seguro de ver un proyecto de ciudad y en lo que suena a grandes obras, que no sé si es lo mismo, me tranquiliza poco que todo se fíe a la ayuda de Page. Digo más, de las fotos del programa electoral (y del argumento que no dejó de esgrimirse) pareciera que Dolz y Page fueran a pachas en esto de la alcaldía: en todo lo relativo al hospital (porque no se entiende que la misma cosa se venda como cuatro logros): terminarlo, desplazar la depuradora (la ley obliga), arreglar los accesos y a ver si podemos mover el vertedero, tan vecino él; pensar qué hacemos veinte años después con los terrenos de Renfe (pensar y de Renfe son aquí las palabras clave) y, bueno, los clásicos: los remontes a la Plaza Mayor y la autovía a Albacete. Los primeros para que la gente use el coche para llegar a los ascensores en lugar de para llegar a la plaza (así que habrá que proveer de un aparcamiento a la hoz de todos nuestros poetas o bien yo estoy viendo problemas donde no existen), y la segunda para apoyar al comercio local y que se nos llene la ciudad de albaceteños en la misma proporción en que se nos iba a llenar de madrileños a lomos del AVE.

 

 

     Quisiera equivocarme, pero si todo eso es lo que va a hacerse de Cuenca, anticipo que será poco. Salvo milagro económico que no se adivina en el horizonte, Page tendrá el dinero que tendrá y habrá de repartirlo en partes directamente proporcionales a los votos que le han dado (lo contrario sería sinrazón o su sinónimo: solidaridad interterritorial) y aunque se diese la rareza de que todo lo prometido se cumpliera, de aquí a cuatro años la ciudad habrá perdido más población (quinientos en el cuatrienio pasado), ningún parque de atracciones de los de a miles de empleos directos se fijará en nosotros, el olor de los cerdos de las granjas serranas llegará hasta el recibidor del nonato Centro de Convenciones, y aunque nos pasarán algunas cosas buenas, claro, en conjunto la ciudad seguirá siendo, en la región, la última de las grandes, con riesgo de que la nómina de éstas crezca pero nuestro puesto en el ránking se mantenga.

 

 

     Es fácil ser negativo. Lo sé. Son muchos años de experiencia en la materia, y ésta es de las que se aprenden pronto. Como ya he dicho otras veces, la ciudad tiene que sacarse adelante ella sola, sin esperar a que se la arreglen los de la política. Pero, si de pedir algo de ayuda se trata, diría que Darío  se queda corto. Que Page no es Dios ni quiere serlo. Y cuatro años pasan pronto. Si para entonces seguimos aquí, hablaremos.

 

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Comentarios: 1
  • #1

    MAPA (viernes, 28 junio 2019 10:39)

    Suscribo desde la primera hasta la última, palabra. Y lo que me apena es que salvo tus clarinazos de lamento, e intuyo que de impotencia, surgen rápidamente los mamporreos tamboriles de alegre e inocua distracción en lo litúrgico, y anodinas veleidades en regocijos sobre lo peculiar y rica que es nuestra tierra, su folclore, y nuestras gentes. Nos hicieron pobres, y nos gusta serlo de solemnidad. Y así nos va.