A este lado del aburrimiento

Durante toda la entrevista, mi compañero en prácticas, futuro heredero de mis errores a poco que no sepa verlos, ha estado diría que agazapado en una silla en un rincón del pequeño despacho donde los de nuestra asignatura perpetramos apuntes y exámenes. Al retirarse la visita, como una hora después de haber venido, ha salido del escondite y me ha palmeado la espalda en un inequívoco gesto de felicitación.

 

     No es muy frecuente, ¿verdad?, me ha dicho, que una antigua alumna visite a sus profesores del instituto. Seguro que estás orgulloso.

 

     Podía haberle dicho la verdad, que es que sí, claro, cómo no, pero creo que la visita de una de mis alumnas más queridas de los últimos años exigía que mi tutorando pusiera en juego mayores dotes de observación.

 

     Para empezar, le hecho meditar sobre el hecho de que nunca vienen a saludarnos antiguos alumnos dedicados a la calderería o al entramado con enea de sillas artesanas. Siempre vienen los que fueron brillantes y contaron, por lo tanto, con nuestro aplauso individual y el de la institución. Eso no resta un ápice de satisfacción, pero coloca a las cosas en su sitio: nadie vuelve donde no se sintió querido y si comparamos las cifras de quienes vuelven alguna vez y los que se cambian de acerca cuando pasan cerca, las cosas se ven con otros ojos.

 

     Pero me interesaba más preguntarle a mi tutorando por lo que me ha contado mi querida estudiante acerca del contenido de sus progresos académicos y después de interesarse por qué estaba cursando, ha admitido que no se había enterado de nada de lo que me había contado y que a punto había estado de dormirse con el runrún de sus explicaciones sobre… sobre… bueno, sobre cualquiera de aquellas palabras que había dicho y que para él carecían de significado.

 

     Entonces lo he mirado fijamente a los ojos y se lo he dicho:

 

-          Acuérdate de este momento desde el día hoy hasta el de tu jubilación y evócalo cada vez que veas a alguno de tus alumnos distraído, adormecido o desinteresado, porque no eres mejor que ellos: solo estás momentáneamente a este lado del aburrimiento.

 

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