La manga riega, que aquí no llega

No me imagino a Marcelino Camacho o Nicolás Redondo, por mencionar solamente dos ejemplos, convocar hoy una huelga y marcharse mañana a Perpignan para quedar a salvo  de las consecuencias de sus actos. El “régimen del 78”, que es lo mismo que decir la instalación de instituciones democráticas en España, llegó gracias a los miles de personas que luchaban contra el franquismo y no huían después. Claro, que eran otros tiempos, y seguramente no tendrían medios para escaparse, pero después de la primera sanción, la primera paliza o la primera estancia en la cárcel, seguían defendiendo lo que creían, que era, para bien nuestro, que la dictadura debía acabar y ser sustituida por la democracia.

     Al lado de aquellos personajes que ahora menosprecian los que podían ser sus nietos, estos independentistas se quedan muy, muy pequeñitos. Ridículamente pequeñitos. Son unos pijos jugando a hacer la revolución. Primero la escena de la votación en el parlamento, secreta por si acaso me castigan, porque una cosa es piar y otra actuar. Luego, la huida de los seis primeros, la manga riega que aquí no llega. Después lo de Gabriel, que se dejó en su casa la dignidad al lado de los vaqueros y la camiseta para irse a Suiza. Luego, los encarcelados y el rosario de renuncias: viva la república, pero que peleen otros por ella que yo quiero irme a casa: ¿cuánto habría tardado en llegar a España el “régimen del 78” si los presos políticos (esos, de verdad) hubieran hecho lo mismo que estos aficionados? Ahora, la Rovira, otra que prefiere educar a su hija, a la que quiere mucho, mucho, muchísimo, antes que seguir en la lucha. La va a educar en la libertad, claro. Sobre todo en la libertad de que se coman otros el marrón, la manga riega que aquí no llega.

     ¡Menudos mártires! ¡Menudo puñado de pijos!

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