Laicismo

 Además de los muertos, con un atentado en Madrid solo puede ocurrir que el gobierno mienta como un bellaco, pero eso es un mal pasajero y limitado. En cambio, un atentado en Barcelona es lo peor que puede pasarnos. Nada mejor para que aparezcan todos los cerrilismos que llevamos dentro. Los terroristas, que seguirán encantados al pensar en el servicio que le han hecho al Islam, tardarán tiempo en darse cuenta de que su éxito mayor no ha sido cargarse a un montón de turistas que a la hora de la siesta no tenían sitio donde meterse, sino profundizar en la descomposición de esta España en donde cada vez existe menos gente dispuesta a ponerse de acuerdo en lo sustancial. Que ya nadie sabe lo que es.

 

Uno.- En mi opinión (dejaré de decir esto en adelante, ya que se entiende que todo lo que escribo es mi opinión), el atentado ha servido para reforzar al independentismo. En donde no es Cataluña, los idiotas que habitan la derecha lo han empleado para tratar de demostrar la incompetencia de las autoridades catalanas, que salen reforzadas entre su grey porque dos y dos son cuatro, y la izquierda sale corriendo a poner paños calientes para que no se nos enfaden: ahí tenemos a Escolar defendiendo que la recomendación de Interior para poner bolardos se circunscribía a Navidad, como si el ayuntamiento no pudiese tomar por sí mismo la iniciativa de proteger su principal avenida peatonal. Es como si el afán por criticar a Rajoy eximiera a los demás del error y de la crítica.

 

Dos.- El cerrilismo de la izquierda catalana no es menor. O sea, es mayor, que diría Rajoy. Y el empeño de los medios de comunicación por darle cuartelillo a la CUP iguala a todos ellos. ¿Que no quieren manifestarse? Pues que no lo hagan. O bien la prensa está encantada de convertir en noticia argumentos estrambóticos o quiere demostrar cuál el cutrerío ideológico que está acelerando la maquinaria independentista. Ahora bien: como lo importante es salir en la tele, volvemos al dos y dos.

 

Tres.- Lo de la izquierda no catalana es también para sujetarse fuerte. Sánchez está perdido y se descuelga con una soflama, un eslogan, una tontería en Twitter, en donde dice que vamos a

 

 

 

 

 

 

ganarles. Como si esto del terrorismo fuese un partido de fútbol o del Estudiantes de baloncesto.

 

Cuatro.- Los transversales de Podemos, con perdón, también se la cogen con papel de fumar. Como si fuesen los herederos del Impero Británico son partidarios del espléndido aislamiento y limitan su apoyo (a hacer no sé qué en un pacto que no se sabe para qué sirve) a que revisemos nuestras relaciones con Arabia, Qatar y (los más chulos) con Estados Unidos. Mientras no dejemos de hablarnos con ellos, nosotros -dicen- no nos damos por aludidos.

 

Cinco.- Por cerrar el tema de Cataluña, el atentado ha servido para poner de manifiesto que es un proceso irreversible y -lo que es más importante para mí- que cuanto antes se vayan mejor. Yo ya no aguanto más el nivel de estulticia que está generando en este país. En España, incluida Cataluña, mientras lo sea. Aclarado queda.

 

Seis.- Esta forma de afrontar el conflicto está olvidando el más importante. Ignoro en qué están pensando los políticos cada vez que se les llena la boca al hablar de los valores de Europa. Pero el valor que más nos distingue a los europeos sobre todos los demás (sobre todos) es el del laicismo, sobre el cual se ha sustentado -redundo- todo lo demás: la separación de crimen y pecado, la igualdad, la libertad, la democracia. Es el laicismo lo que hay que proteger. No el catalanismo, el antimilitarismo o el no sequeísmo.

 

Lo que no puede olvidarse es que el asesinato del otro día se cometió en nombre de un Dios. No de una lengua, un bolardo o un proceso independentista. Nuestra sociedad debe defenderse de eso profundizando en el laicismo y no cediendo ante el empuje de ninguna religión. De ninguna. Ni la que desde los púlpitos quiere levantar el odio contra los comunistas, como si estuviésemos en los años treinta del siglo pasado, ni la de que ahora se descuelga con que sea el gobierno de Marruecos el que nombre los imanes de las mezquitas que hay en España… sin que, por cierto, haya salido a estas horas nadie a subrayar el disparate.

 

¡Por Dios! (malditas frases hechas)


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