Sin pecado original

Llevaba un tiempo sin darme un baño en los argumentos del independentismo catalán y el otro día caí en la tentación. Fue después de leer un artículo de Isabel Coixet, que, como ella misma definía, era completamente naïf. O sea, sencillo, evidente, casi infantil, dicho esto en el mejor sentido de la palabra porque si una decisión como formar un Estado nuevo exige conocimientos complejos, mal asunto será.

     La ocasión me la trajo twitter, la única red social que manejo y que no sé si debería abandonar para no caer en un pesimismo cioranesco sobre la especie humana. Se queja el tuitero independentista de que el Tribunal de Cuentas está corrupto y que por eso se apresura a pedirle a Mas que devuelva la pasta malversada o malgastada en los pasados noviembres. Intervengo en la charla y convengo en que puede llevar razón.

     Ahora bien, como él habla del Estado podrido, le pregunto si en Cataluña hay corrupción, puesto que todavía es Estado, o si bien la catalanidad está exenta del pecado. Me atrevo a

mencionarle a la estirpe de los Pujol por si necesita hacer memoria y lo que me contesta, de verdad, de verdad, de verdad, es que la de Pujol es “corrupción autonómica, bajo soberanía, leyes, justicia española.”

     Insinúa mi corresponsal que Pujol no hubiese sido un ladrón en una Cataluña independiente y añade en tuits sucesivos, que ahora lo catalán tiene un esquema mental castellano y que las cosas hubieran sido muy diferentes si no hubieran estado bajo el yugo de los Borbones, antes de los cuales había cortes, votaciones, cargos por insaculación y limitación de mandatos.

     Disculpe mi lector que no me entretenga en discutir el argumentario de mi corresponsal. Anote, simplemente, que sí, que los independentistas catalanes creen en una esencia catalana libre de pecado original y en una Castilla afrancesada cuyo efecto sobre Cataluña solo es comparable a la del demonio sobre Adán y Eva. ¡Ni un catalán ladrón, asesino o pendejo! ¡Con la independencia, desaparecerán las cárceles!

     Al mismo tiempo que la Historia, por cierto.