Penélope


Es la segunda vez que recuerdo (o sea, la tercera que lo digo) que el alcalde de Cuenca prometió, en su programa electoral, elaborar veinticinco planes de cosas diversas y pensarse otra vez qué hacer con Carretería. De los planes, no tengo ni idea porque la prensa no ofrece información, bien porque el ayuntamiento no la da, bien porque a los periodistas no les interesa, bien porque quién va a leerse los planes del alcalde. Pero de lo de Carretería tengo más idea porque cada verano el alcalde decide gastarse unos duros en cambiarle el aspecto sin modificar lo sustancial, que consiste en que a los peatones solo puede atropellarles el autobús. Cualquier autobús.

 

     En un alarde de fotoperiodismo he podido captar a la cuadrilla de operarios que estos días está ejecutando el encargo de levantar el entarimado de la plaza de la Hispanidad que, como bien se sabe, fue ideado por la corporación municipal anterior para dar algo de tronío a la zona peatonalizada. No me cabe duda de que el aspecto final será mejor que el anterior porque siempre lo nuevo queda mejor que lo viejo, aunque lo viejo tenga apenas cuatro años. Pero me caben todas las dudas del mundo sobre si este tejer y destejer es consustancial al ejercicio de la alcaldía (de cualquier alcaldía) y si, en concreto, la de Cuenca no me leyó en su día y no está todo lo preocupada que creo que debiera estar por aquello que considero que debe ser lo principal.

 

    El padrón lleva descendiendo cinco años consecutivos. El detalle por edades es desolador, con los asilos más llenos que las escuelas. La universidad se está vaciando. Cabe pensar cuánto tardarán el comercio electrónico y la facilidad para huir de aquí en arruinar por completo el comercio tradicional.  En ochenta kilómetros a la redonda no hay más vida que en el desierto de Sonora.  Por muy bien que vaya el turismo, estamos demasiado lejos del mar para confiarle a él todo nuestro futuro. Diríase que la ciudad vive esperando a que el presupuesto regional nos mande recursos para medio centenar más de funcionarios.

 

     No digo que no haya que adecentar las calles. Digo que lo de Penélope era una estrategia. Nunca quiso que fuese una forma de vida.

 

 

 

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