Las notas

Me acompaña mi compañero novel a la sesión final de evaluación. Durante todo su transcurso lo he visto excitado, observando a los compañeros y tomando notas. Al terminar, me pregunta el porqué de mi actitud más bien pasiva. Displicente creo que me llama.

      - La evaluación es muy importante -subraya.

      - Sí, si se diese el caso de que existiese -le digo.

      - Pero… esto que hemos hecho… -me dice, y me pide explicaciones con los puntos suspensivos.

      - Esto que hemos hecho es poner notas, que no es lo mismo.

      - Bueno, pero las notas es la forma de concretar la evaluación.

      - Te repito que la evaluación no existe. Es un invento para disimular lo que hacemos de verdad. Y lo que nos demandan de verdad. A ningún chico, o casi ninguno, le importa que le digas cuál es su estilo de aprendizaje, cómo puede mejorar su rendimiento, lo que le falta que aprender, los errores que debe evitar... Y, desde luego, a ningún padre. Unos y otros quieren una nota y les da lo mismo lo que pase antes y después. Cada suspenso que damos nos supone una amenaza de reclamación. O por lo menos de petición de explicaciones. Y en ellas oirás la palabra justicia nueve de cada diez veces. No es justo que a mi hijo esto o lo otro… Eso sí, aprueba a un estudiante que no haya pasado del dos en todo el curso y verás dónde queda el yo no quiero que a mi hijo le des nada más que lo que se merece.

      - Entonces, ¿para qué evaluamos?

      - Que no, que no evaluamos. Que ponemos notas. Las notas lo son todo. Son como los arbotantes de las catedrales góticas. Si los quitas, el edificio se viene abajo. Si no hubiera calificaciones, ese diez o quince por ciento de estudiantes con ganas de aprender tardaban menos de un mes en estudiar lo mismo que el más vago de la clase. La única ventaja de las notas es que, sin ellas, la especie humana se haría completamente ignorante. Créeme, la única: hacer que los estudiosos sigan siéndolo. Para el resto de todo este montaje la utilidad es otra.

     "Las notas sirven para sustentar la autoridad de profesores que no saben ganársela de otra manera. Para garantizar que cuando el profesor dice que hay que hacer algo para mañana, un porcentaje razonable lo haya hecho y el profesor tenga algo que hacer. Para que dé la sensación de que la maquinaria funciona: que se valora, se acredita, se certifica, se aplaude, se sanciona… Para que los alumnos de seis sepan que los ochos no son para ellos, se conformen con la medianía en la que viven (su nota media se repetirá durante diez o doce años) y no quieran buscar más problemas ni tener más aspiraciones.

      "Fíjate: los chicos disruptivos son, simplemente, aquellos a los que la nota se la trae al fresco. A ellos y a sus padres. Ahí te quedas con tus clases, nos dicen.

      "Suspendemos a una minoría para que se sientan minoría y acepten el sometimiento. Cuando un profesor suspende mucho, los alumnos se rebelan y amenazan con subvertir el orden. De hecho, toman el poder porque más antes que después alguien llama la atención del profesor y le invita a deponer su actitud. Con las notas, uno puede con treinta. Sin ellas, está en franca minoría.

      "Cuando se dan las notas finales, todos los alumnos desaparecen como barridos por un vendaval. La administración disimula y hace como que el curso dura hasta el día equis, pero sabe que termina quince días antes, con los últimos exámenes.

      "Cuando tengas mis años de experiencia, habrás visto que todos los alumnos han encontrado a final de curso notas más altas de las que esperaban y muy pocos, por el contrario, notas más bajas. Es el premio que damos a quienes nos han permitido ganarnos la vida sin muchos sobresaltos.

      "No hay en el mundo una sola innovación que proponga acabar con las notas. Sí con las asignaturas, la forma de impartirlas, de organizar las aulas, mezclar a los estudiantes… lo que quieras… Pero ninguna propone acabar con las notas. Es como proponer un partido de fútbol sin balón, una cárcel sin rejas, una rosa sin pétalos.

      - Eres demasiado escéptico. Ni creo que tú creas todo eso como me lo has contado, ni estoy de acuerdo contigo, de verdad… -me regaña mi joven compañero.

      - Bueno -digo, pensativo-. Las notas sirven todavía para otra cosa más.

      - Espero que no sea negativa.

      - En sistemas como el nuestro, donde cada vez la optatividad es mayor, sirven para pescar alumnos. O para comprarlos, lo que quieras -concluyo, y me voy a mi casa. 


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