Todos son de Podemos

El país está en vías de salvación y, si todos los alumnos de Occidente son como los míos, un horizonte de esperanza se abre en nuestra civilización. El liberalismo económico tiene los días contados. Es cierto que las mentes tan plásticas de los estudiantes de Secundaria se descubren hoy ante el argumento de Smith (el egoísmo del individuo termina generando un bienestar colectivo) y mañana ante el de Marx (la plusvalía genera una sociedad cada vez más desigual). Pero cuando se les propone que estudien cómo sacarían a la Humanidad de uno de los grandes atolladeros en los que se ha visto (pongamos la crisis del 29 o la inconclusa de 2007), indefectiblemente razonan medidas que se mueven entre la socialdemocracia y el comunismo puro y duro.

 

     En los años noventa, los pocos investigadores que en Didáctica de las Ciencias Sociales lo han sido, abrieron un campo muy interesante que era el de saber cuáles eran los conceptos que los estudiantes tenían del campo de lo social. Aquello quedó en poco, porque no hubo seguidores, porque olía demasiado a LOGSE, a psicólogos, a pedagogos o a la leche en verso, da lo mismo. Pero hoy, cuando la moda parece ser que los estudiantes corten y peguen cosas que no entienden en aplicaciones de ordenador (la post-cartulina, en términos adecuados) me parece que los profes todavía debemos detenernos en la apreciación del mundo que tienen los estudiantes.

 

     Para los míos, el Estado lo es todo. El que pone empresas, las quita, las distribuye; da dinero a unos, lo retira a otros, ordena y manda. El mundo económico se mueve entre la subvención más morigerada y la planificación soviética más ortodoxa. El pensamiento ingenuo de los estudiantes, incluso de aquellos en cuya familia se vota a la derecha desde los tiempos de Narváez, es comunista. El papel de los gobiernos es meter en vereda a los que con su avaricia son capaces de cargarse hasta la viga maestra, en Estados Unidos hace un siglo o en la España que se enfangó en un problemón cuando ellos todavía tenían los dientes de leche.

 

     Buenas noticias para Pablo Iglesias, que les digo yo, y entonces se ponen nerviosos porque si se enteran en casa los matan.

 

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