El café y la ultraderecha

Me pido un café y una tostada con aceite y tomate, que aquí las hacen riquísimas (otro día podríamos hablar de qué se esconde detrás del concepto tostada), y cojo el Marca a falta de otra cosa que pueda leerse, si descontamos los precios de los bocadillos. Medito un instante si la prensa general no debería mutar y convertirse en folletos a colorines como éstos para sobrevivir, al menos en los mostradores de los bares. No llego a ninguna conclusión, pero, a cambio, descubro que detrás de cada nombre de deportista alguien escribe entre paréntesis la edad que tiene su dueño, y pienso en cómo quedaría eso en periódicos generalistas: Esperanza Aguirre (65) afea a Rita Maestre (28) su destape en la capilla de la Universidad. No sé. Lo mismo alguien piensa que detrás de toda riña política solo hay una abuela que riñe a su nieta.

 

Mientras tanto, alguien a mi lado comenta que lo único que hace el hombre es defender lo suyo. La entonación es la de un tipo que trata de disculpar a otro y, por las cosas que dicen, deduzco que están comentando una disputa de la comunidad de vecinos. Como todos sabemos que el del quinto es un inútil malencarado que siempre nos encharca el piso, me desintereso de la charla y me fijo en la última página del periódico, esa en la que fotografían a una modelo aún más joven y desde luego mucho destapada que Maestre. Quizás, el editor del periódico quiere dar una razón más a aquellos que tradicionalmente empezamos a leer la prensa por el final o quizás esta especie de inyección de ánimo que quiere dar a sus lectores varones sigue la misma lógica que hace a los programadores de televisión pasar películas de violencia después de un partido de fútbol.

 

Mis vecinos entonces hablan de que ellos no ven nada mal que el hombre no deje pasar a cualquiera a lo que es suyo, y comprendo que ahora el comentario se centra en un problema de lindes, que es el equivalente a las comunidades de vecinos en las zonas rurales. Sin embargo, como ya no me queda periódico leer, atiendo más a su charla y, según dan más detalles, comprendo que de quien hablan es de Trump, el yankee Trump. Estoy seguro de que no me equivoco cuando pienso que para mis vecinos de café, los derechos humanos, la diplomacia internacional, la seguridad colectiva y ese tipo de cosas son poco más que sutilezas en boca de gente exquisita, palabras que, en realidad, no dicen nada y que alguien que quiere defender a su país hace bien en ignorar.

 

Mañana cambiaré de bar, aun a riesgo de que el café y la tostada no me estén tan ricos, pero necesito avanzar un poco más en este interesantísimo análisis sociológico que me llevará a saber si la hipótesis “la ultraderecha anida en el pensamiento ingenuo de tu vecino” merece la pena ser investigada seriamente o no.

 

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