En todos los sitios cuecen habas

Me pregunta el compañero nuevo de este año si es mejor o peor el grupo de alumnos con aspiraciones a estudiar Ciencias o Letras. Lo miro con una estudiada falta de interés y le obligo a que confiese que en algún sitio ha oído que son mejores los estudiantes de Ciencias. En realidad, si lo apuro un poco, terminará aceptando que él mismo tiene un cierto complejo de estudiante de segunda porque se metió en Humanidades, incapaz como se veía de enfrentarse a las Matemáticas.

     La idea de que los chicos que tienen más competencia en Matemáticas son personas más capaces debería considerarse un crimen contra la Humanidad. Se pueden contar por cientos de millones las hombres y mujeres que han arrastrado toda su vida un bajo concepto de sí mismas porque no terminaban de  ver un sistema de ecuaciones o saber cuándo se iban a cruzar los famosos dos trenes. Y, por lo mismo, otros cientos de millones han arrastrado un alto concepto de sí mismas porque sabían averiguar esas cosas aunque no sabían redactar un párrafo, cantar una canción, dibujar un gato, hablar en público o tener media docena de amigos.

     Todo esto no se lo he contado a mi compañero pero le he invitado a que asistiera a mi clase, compuesta sobre todo por alumnos de Ciencias, y les he puesto en la situación de pensar sobre no viene al caso qué fenómeno social. El resultado ha sido que los estudiantes apenas han chapurreado algunas palabas inconsistentes porque lo cierto es que no es necesariamente más difícil plantear un sistema de ecuaciones que razonar sobre la división de poderes.

     Los alumnos se han quejado de que la pregunta era muy difícil, yo me he permitido hacerme el sorprendido y he dedicado un par de minutos a indagar sobre la naturaleza de su pensamiento científico. Al final de tan corto período de tiempo, no todos, pero muchos de ellos, la mayoría, han admitido que sí, que también en las clases de ciencias recurren a aplicar fórmulas que no entienden y que lo hacen en circunstancias en las que recuerdan que eso es lo que corresponde hacer aunque no tienen ni idea de por qué.

     En todos los sitios cuecen habas.

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