Lo que puede el libro

- Me ha pasado algo increíble –me aborda mi compañero, el nuevo, por el pasillo del instituto.

    - ¡Cuenta, cuenta! –le pido, ocultando mi escepticismo, y va y me cuenta.

 

    Los chicos que le atendían eran de los pequeños y el tema era Demografía, los movimientos migratorios. El profesor corrige unos ejercicios y la alumna le explica que hay dos movimientos migratorios: inmigración y emigración. Es lo que pone el libro, aclara la estudiosa estudiante.

     Mi compañero, con la suspicacia del primerizo, trata de refinar ese conocimiento. Coloca a otro alumno en el camino entre la primera y él, e informa a la clase de que el chico es la frontera entre dos mundos. A este lado es España; al otro lado, el extranjero. A continuación ordena a la primera estudiante que inicie el desplazamiento desde su país al país del profesor y, cuando lo termina, le pregunta cuántos movimientos ha hecho. La alumna responde, sin dudar un instante: dos.

     Mi compañero consulta a la clase y comprueba, espantado, que la mitad está de acuerdo con la chica viajera. Tiene que repetir la práctica una vez más para que todo el público vea que se ha producido un solo movimiento, mientras que la protagonista necesita una expedición más, un total de tres, para admitir que solo ha hecho un viaje, un movimiento, un desplazamiento. 

    Más tarde, el profesor les sirve la información de que cuando la alumna salía de su mesa era una emigrante de su mundo y cuando llegaba  a la del profesor era un inmigrante en ese país.

 

     Mi amigo no comprende cómo tanto los espectadores de la evidencia como la persona que protagoniza el suceso eran aparentemente incapaces de describir la realidad e insistían que se producían dos sucesos en lugar de uno solo.

      - Se me ocurre, me dice, que la culpa puede ser del cambio de referencia, de la dificultad que tienen los chicos para comprender que el mismo movimiento tiene dos aspectos según desde donde se le mire.

     La idea es sugestiva, claro, pero  le hago observar que la confusión venía antes de introducir ese elemento perturbador. Era antes cuando la alumna hacía un movimiento y decía haber hecho dos.

     Los dos que dice el libro, cuya autoridad es tan, pero tan grande, que hace que los alumnos retuerzan la realidad para adaptarla a él.

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