Lo importante

- ¿Qué hace usted? -le pregunta el profesor al alumno.
    - Subrayo -le contesta, armado con un evidenciador verde, verde, verde como el agua del Júcar. O más.
    - ¿Qué subraya?
    - Lo importante, claro.
    - ¿Ha leído usted todo el tema?
    - No.
    - ¿Toda la página?
    - Tampoco.
    - ¿Todo el apartado?
    - Qué va.
    - ¿Todo el párrafo, al menos?
    - ¿Por qué iba a hacerlo?
    - ¿Y cómo sabe usted qué es lo importante? ¿Cómo sabe usted que lo que está leyendo ahora es más importante que lo que leerá diez líneas más abajo?
    Quizás el alumno está enfermo de presentismo vital. Sabe que lo que le está pasando ahora es muy importante y no puede ni imaginarse que lo que le vaya a pasar en el futuro pueda serlo más.
    O quizás no haya atendido al profesor cuando le ha dado algunas recomendaciones de estudio.
    O quizás no le haya creído cuando le ha dicho que estudiar no es memorizar.


    Otro estudiante se planta muy ufano delante del profesor para reclamarle un nota mejor en el examen.
    - Lo puse todo -le dice.
    - ¿Todo? ¿Escribió todo lo que se sabe sobre la reproducción del berberecho, que era la pregunta del examen?
    - No.
    - ¿Todo lo que está en el libro?
    - ¡No! En el libro hay mucho. No me habría dado tiempo.
    - ¿Qué es «todo», entonces?
    - Todo lo que tengo en el resumen, por supuesto.
    Le toca entonces al profesor pedirle el resumen y desmontárselo. Demostrarle que el resumen está mal hecho, que no seleccionó «lo importante», que debió haberle enviado en plazo el resumen para que él se lo criticara, que no lo hizo y no terminó de entender el contenido de libro, que estudiar es una cosa y memorizar es otra. Que en memorización podría sacar un diez, pero ni mucho menos en estudiar, que es otro asunto, previo y más importante.
    - Pues apañados estamos -se va el alumno, rezongando.
    Pues eso. Apañados estamos.

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