Novios

La chica mira con arrobo a su compañero de mesa. Lleva días haciéndolo. Él se deja mirar, pero rara vez le corresponde. Guarda más las composturas, como corresponde a su papel de varón, pero sé que, de reojo, se sabe mirado y en eso ocupa buena parte de su tiempo y de su disposición. No sé qué pretendo enseñarles, me dice el compañero, si tienen la cabeza en otro sitio, a la altura, como muy arriba, del corazón. Y para aprender, continúa quejoso, hace falta la cabeza pero también la determinación de querer hacerlo, y eso está en el corazón. Claro que, por lo menos, han encontrado en las clases el refugio donde quererse, porque podría ser peor y pasar las mañanas por los parques de la ciudad, en los soportales abiertos a la hora de la compra, continúa mi compañero, ahora más optimista. Y digo yo, concluye, que algo se les quedará, de tanto oírnos, que no escucharnos, a unos y otros. Nada sistemático, claro, pero algo quedará, como a ti y a mí nos queda algún recuerdo de los documentales que vemos mientras hacemos otras cosas, la siesta o un vistazo a la prensa.
     Sí, claro, le digo, y estoy a punto de preguntarle si cree que eso bueno que acaba de contarme les dará para aprobar, pero desisto de hacerlo. Mi compañero no me hablaba de aprobados y suspensos, sino de otra cosa. Lo de las notas ya se verá....

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