Un problema de sintaxis

Tengo a mi lado un aprendiz que me sugirió que les propusiésemos a los alumnos la tarea que describo. Debían pedirle a google que les mostrase un par de paisajes o de cualquier otra cosa, que no es imprescindible detallar. Podían seleccionar los que quisieran, si bien la primera entrada que apareciese seguro que era valiosa. Una vez seleccionadas las imágenes, los alumnos debían compararlas utilizando un guion elemental facilitado por el profesor. La idea le pareció brillante al aprendiz porque era una buena manera de cumplir con los deseos administrativos de que él conociese cuál era el punto de partida de los estudiantes en lo tocante (mi compañero utiliza una expresión así de antigua) a su capacidad de observación y de expresión. 

     El resultado fue el siguiente. Un porcentaje elevado no lo hizo porque no le salió de allí o se le olvidó, que es lo mismo aunque con otras palabras. Otro porcentaje, inferior pero no despreciable, porque el ordenador no les funcionaba: está demostrado que ciertos ordenadores son máquinas de elite que para cosas de la escuela no se ponen y deciden negarse a trabajar cuando se les pide. La proporción de los que cumplió con la tarea no llegó, dice mi compañero provisional, a la tercera parte, pero en todos los casos la estrategia de observación que siguieron fue la misma. Los estudiantes observaron el texto que acompañaba a la imagen y lo copiaron. De esta guisa, mostraron prados junto a manantiales y fuentes invisibles; reconocieron plantas de frutos que no han visto en su vida o identificaron árboles cuyos nombres era la primera vez que leían, veían o escuchaban. 

     - ¿Qué ha pasado? -le pregunto.

     - Pues algo que debía de haber imaginado La estrategia de aprendizaje que utilizan fundamentalmente los alumnos es la copia. Copiar, nada más que copiar -se lamenta amargamente.

     Se nota, digo, para  mí, que el aprendiz ha leído mi blog, ya que esta idea la sostengo al menos en una entrada anterior. Pero si espera de mí una palmada en el hombro y un positivo en su expediente se equivoca. Y le doy gratis otra clase de Didáctica.

     - Eso es verdad. Pero ahora ha pasado otra cosa. Por lo menos, ha pasado, además, otra cosa. Es la sintaxis misma de la escuela. Es probable que la tarea que les has propuesto haya desbordado a los que lo han intentado o que les haya parecido demasiado sencilla. Ambas opciones son posibles y tendremos ocasión de comprobarlo. Pero todos los que han contestado son buenos estudiantes y entienden que a la escuela hay que llevar el papel escrito. Y con cuantas más cosas mejor. No se han fiado de sí mismos y se han lanzado a complacer al profesor de la manera en que ellos creen que ibas a estar más satisfecho. Son las reglas del juego, compañero, la sintaxis de la escuela. 

     El aprendiz me ha mirado con la cara con que un ignorante mira a un sabio y, a continuación, se ha ofrecido a invitarme a un café.

      - Con un pincho de tortilla, por favor -le he indicado-. Pero no te preocupes: pagaré yo.

 

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