Ricos

 

Dice Piketty, y es verdad, que lo bueno del capitalismo es que si sabes hacer las cosas, puedes ganar más dinero cada vez, y si no las sabes hacer, pues no.

     Hace años, un empleado de una subcontrata de Telefónica vino a mi casa. Parecía que, más que llegar despacio, Internet huía de mi salón. El subcontratado se tomó en serio el problema y me hizo un arreglo fetén. Desde entonces, las cosas funcionan lo mal que es de esperar en un pueblo, pero funcionan. Aún se lo agradezco a aquel trabajador inmigrado, el enésimo que llegó y el único que lo arregló.

     Cuando se iba, y yo iba a preparar la cena, recibió una llamada. El jefe le encargaba otro arreglo urgente. Telefónica y su empresa habían llegado a un acuerdo por el que ésta acudía a toda pastilla a resolver problemas domésticos. El empleado se lamentaba de que llegaría a su casa a la hora en que muchos se acuestan y me explicó que su salario (naturalmente escaso) dependía de los puntos que acumulase, y que las chapuzas como la mía  o como la que le acababan de encargarle daban menos puntos que una instalación nueva, que era lo que no se cansaba de pedirle al jefe y el jefe no se cansaba de negarle.

     Han pasado muchos años y no sé si aquel trabajador que hacía las cosas bien estará ganando más dinero y, en ese caso, cuánto más está ganando. Sin embargo, hoy me he enterado de que César Alierta, el presidente de Telefónica, gana cuarenta y tres millones de euros al año. Sin duda, como consecuencia de haber hecho las cosas bien: por ejemplo, establecer las condiciones salariales del trabajador del que hablo.

     Eso que dice Piketty es verdad, pero no toda la verdad.

 

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