Septiembre otra vez

Los exámenes de septiembre son uno de los inventos más inútiles de la Historia de la Humanidad, al lado del cenicero para las motos y el rabillo de las boinas. La lógica va en contra de ellos. El suspenso significa que el alumno tiene capacidad y disposición para aprender por sí mismo y en la quinta parte del tiempo lo que no quiso o no pudo aprender durante todo el curso con la ayuda del profesor.

     Cosa de locos, como puede comprender cualquiera que no lo esté.

     Entre los más mayores, se impone la estrategia, ampliamente reconocida por ellos mismos, de evaluar los riesgos y presentarse en septiembre con lo justo y un poco menos. Se trata de dejar a la buena voluntad de los profesores lo que su propia voluntad le ha escatimado. No son muchos, pero no son pocos, los casos de quienes evalúan pésimamente el riesgo y, convencidos de que no hay sobre la faz del planeta desalmado que les niegue el título por una sola asignatura, se presentan tan vírgenes de conocimiento como se fueron en junio de esa sola materia que no les cae bien, pero que nada bien.

     Son estos los que, primero, vierten toda su ignorancia sobre el papel llenándolo de disparates, y después suplican al profesor prevaricación y no justicia. Son los mismos que, cuando reciben información de que la injusticia no se ha cometido, se consideran mal tratados y se alejan del instituto proclamando su inocencia y la bestialidad del profesor, que ha tajado de raíz su intención de seguir sin hacer nada en la Universidad el próximo curso.

     Y luego están esos otros, no muy abundantes pero tampoco demasiado escasos, que cuando leen que están aprobados necesitan pellizcarse varias veces y el día en el que lleguen a abuelos seguirán contando aquello que a sus nietos creerán que es un cuento como el de Pulgarcito: cómo una vez alguien les aprobó aquella asignatura que jamás estudiaron. Una vez escuché a alguien decir que los profesores tendrán problemas no cuando deban justificar por qué suspendieron a alguien sino, más bien, por qué lo aprobaron.

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