Los catalanes

No voy a tratar de superar el relato que hace Manuel Jabois del ministro Fernández Díaz, pero me viene bien traerlo aquí porque la perspicacia de este hombre, semejante a la de una piedra, es el epítome de lo que ha ocurrido en las últimas décadas en la política española y lo que ha hecho que Cataluña esté a un paso de la independencia, porque, pese a lo que diga el ministro mordaza, si la mayoría de los catalanes quieren separarse, lo van a hacer, diga la Constitución lo que diga. Así funcionan las sociedades.

     Es posible que tenga parte de razón un amigo que dice que todo empezó cuando el Estado cedió la educación a las autonomías. Probablemente ahí esté el origen de esa ignorancia colectiva que se corea en el minuto 17:14 de cada tiempo de cada partido que el Barcelona juega en casa. Pero, además, han hecho falta cuarenta años de equivocaciones continuadas para que los partidos constitucionalistas sean residuales: si seguimos escuchando en algún medio a Sánchez-Camacho no es, desde luego, porque le importe mucho a muchos catalanes (ni a los demás, si a eso vamos).

     Si las encuestas no se equivocan esta vez, parecen decir que el independentismo es mayor cuando la economía va peor, lo que parece lógico que ocurra, pero el suelo de los que quieren tomar las de Villadiego es muy sólido, tanto como para pensar que si no es de este arreón lo será del siguiente.

     Los constitucionalistas a lo Fernández Díaz no se han enterado de que la estrategia no es amenazar a otros políticos sino convencer a los ciudadanos y que aquello no conduce a esto sino a lo contrario. Cabe pensar, en todo caso, si esta estrategia se debe a que han visto que para hacer lo que conviene no tienen tiempo ni herramientas, ya que lo que se dice voluntad no la han tenido nunca.

     Claro que también existe la posibilidad que abría una oyente radiofónica hace un par de días, y es que nos pregunten a los demás si queremos que Cataluña siga siendo España. Si el precio es escuchar a Mas en todos los telediarios, seguramente saldría que no, que no queremos.

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