Mentiras y mezquindades

Admito haberme perdido con el asunto de Grecia hace tiempo, así que no tengo criterio sobre ello, aunque sí lo tengo sobre otros asuntos colaterales.


     Primero.- Como si de una guerra se tratase, lo primero que ha salido derrotado ha sido la verdad. No hay un solo analista que se dedique a otra cosa que a seleccionar el trozo de realidad que le interesa al medio de comunicación que le paga.


     Segundo.- Me produce vergüenza ajena la manera en la que los líderes políticos de otros países están convirtiendo a Tsipras en un demonio o en un santo. Me produce vergüenza ajena ver a los líderes europeos de la derecha menospreciéndole y a los de la izquierda haciéndole pasillo como si hubiese ganado el campeonato del mundo de algo.


     Tercero.- Me parece especialmente mezquino que Rajoy repita todos los días que España puede verse igual que Grecia si no vuelve a gobernar él y que la culpa de todo es del Podemos griego cuando en realidad Grecia está así por los gobiernos de partidos como el suyo y el de Pedro Sánchez.


     Cuarto.- Así que todos mienten y todos mintieron. No me cabe la menor duda de que los gobiernos de España mintieron para entrar en la zona euro, pero ahora se sabe que los griegos mintieron más y que los estadistas y las estadísticas oficiales europeas admitieron como verdades aquellas mentiras, ignoro por qué. 


     Quinto.- Es mentira que Grecia pueda salir jamás del atolladero. Su economía tiene que producir para soportar el día a día y para devolver una cantidad de dinero astronómica: unos trescientos mil millones de euros. Eso no se consigue congelando unas pensiones que no pueden ser para tirar cohetes. En este caso parece que se trata, más que nada, de joder a los griegos pobres (los ricos ya se llevaron el dinero) para que los finlandeses admitan que sus impuestos se vayan a Santorini. O sea, para mentir a los finlandeses.


     Sexto.- En esto solo hay dos verdades. Una, que los griegos están jodidos sin que tengan la culpa de nada. Otra, que los demás estamos hasta el gorro.

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