Lo primero y principal

Cuenca es la capital de provincia de Castilla-La Mancha que menos habitantes ha ganado desde que existe la autonomía. Si hubiera crecido la media de lo que lo han hecho las otras capitales, su población sería un diez por ciento mayor. Naturalmente, si a ello le añadimos la población rururbana que la rodea (la gente que se reside en los municipios muy cercanos que las circundan pero que de, hecho, son habitantes de la capital), la diferencia es mayor.

Evidentemente, la falta de población es un síntoma de subdesarrollo y no hace falta decir que se alimenta a sí mismo; es decir, que las ciudades menos pobladas lo son cada vez menos, salvo que se haga algo para invertir la tendencia.

Es decir, salvo que se haga política.

Con el sistema actual, no parece fácil porque el poder será generoso con ochenta mil antes que con cincuenta mil, sea cual sea el dueño del poder. Puestos a razonar, supongo que será más difícil que lo hagan los liberales, porque en su carné de identidad está no hacerlo. Pero de los treinta y cuatro años que me sirven de marco de referencia, en treinta han gobernado los otros y la verdad es que parece que nos ha ido como si lo hubieran hecho los hunos. Perdón: los unos.

Podrá decírseme que este asunto no tiene por qué preocupar a los candidatos puesto que no está entre sus competencias y, sin embargo, se me ocurre que no hay otro más importante. Para empezar, porque ninguna otra instancia se va a ocupar de ello, según he demostrado. Por otro lado, a más habitantes, más impuestos y más recursos para ofrecer peatonalizaciones, despeatonalizaciones, centros deportivos, asfalto en las calles o subvenciones para el carnaval. Finalmente y, sobre todo, por pura supervivencia.

Cuenca será cada vez comparativamente más pequeña y sus ciudadanos mejor preparados emigrarán a otros sitios, de manera que de los que aquí se queden cabrá esperar menos recursos, menos iniciativa, menos empuje para revertir el proceso.

No sé si entre los candidatos que se presentan a la alcaldía, habrá alguno que le haya dado un par de vueltas a este asunto y tenga creatividad, capacidad de gestión y equipo de trabajo para resolver un problema que no podemos esperar que nadie más afronte. Me temo que si los que se presentan están más interesados en defender que sus jefes siempre llevan razón, me emplazo a ofrecerles dentro de cuatro años nuevos datos estadísticos sobre el lento hundimiento de esta aldea.

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