El futuro está hecho de asfalto

      Es como si no hubiera pasado el tiempo. Como si no hubieran aprendido nada. Ya acaban de encargar el futuro en forma de la autovía entre Cuenca y Albacete. ¿Dónde está el estudio de viabilidad? ¿Dónde el cálculo del tráfico de vehículos que aconseja la inversión?  

     - ¿Cómo? ¿De qué está hablando usted, señor articulista? ¿A quién le importan esas bagatelas cuando de lo que hablamos es nada menos que del progreso. 

     Lo ha dicho Page: no se le puede negar el progreso a la gente. Y el progreso es tender kilómetros de carreteras de doble carril que darán servicio a unos  pocos centenares de coches cada día. A eso se le llama gobernar para la mayoría. ¡Ah, no! También para las minorías. Para los que quieran marcharse más deprisa a comprar en las rebajas de Albacete, vivir la noche manchega o ver partidos de fútbol de Segunda División. 

     Pensar que vertebrar el territorio consiste solo en construir vías de comunicación es no enterarse de nada. Si los de Albacete no tienen nada que hacer en Cuenca y pocos de Cuenca tienen algo que hacer en Albacete (no hay muchos de Cuenca con algo que hacer en niguna otra parte), no sé para qué hacer la autovía, salvo para mover el dinero. Y no vale aquello de que lo primero es estar bien comunicados y luego habremos de ver llegar el maná por las carreteras y los ferrocarriles. Tenemos una región con miles de kilómetros de autovías y está por demostrar de qué manera han contribuido al desarrollo general del territorio, una vez que quitamos el efecto inmediato de la mano de obra que se ha empleado en construirlos y el beneficio industrial de los muy liberales empresarios que viven del presupuesto público.

     Después de cuatro años en la oposición y siete en esta crisis pavorosa, uno esperaba de los aspirantes a mandatarios más imaginación: inversión en I+D, en el mundo del conocimiento, en la economía productiva, en nuevas formas de turismo, en rejuvenecer la población, reequilibrar el espacio. Pero no. Seguimos con lo mismo. Carretera y manta. O mantas haciendo carreteras.

     Y, mientras tanto, la casa sigue sin barrer.

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