No sin mi móvil

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Danah Boyd, socióloga norteamericana, dice que las redes sociales son imprescindibles para los chicos porque les permiten ocupar un lugar en el mundo. No estar en ellas es como no estar en ningún sitio. A falta de leer por completo el estudio, esto no explica por qué, cuando están con su grupo, continúan tecleando el móvil como si no lo estuvieran Quizás, los jóvenes necesitan estar en más de un sitio para no considerarse como que están fuera de todos.
    También queda por dilucidar la fuerza con que están vinculados al objeto que los conecta con sus mundos. Si para la mayoría de la gente, el móvil se ha convertido en un objeto más que añadir a la impedimenta diaria, junto con las llaves, la documentación y, en su caso, los afeites mínimos para cuidar la presencia de una, para muchos chicos es mucho más que un objeto.
    En las clases en las que está prohibida la utilización del móvil, son bastantes los que se arriesgan, en virtud de lo dicho en el primer párrafo, a continuar guasapeando con sus amistades de ellos saben donde. Pero cuando el profesor les conmina a que le entreguen el móvil, en cumplimiento de la normativa del centro, me cuentan que no son pocos los casos en que el desorden que se crea convierte en una anécdota la pequeña indisciplina de escribir mensajes. No son extraños los casos en los que los alumnos se sienten ultrajados, violentados y agredidos hasta el punto de exhibir actitudes con las que arriesgan una sanción realmente severa. Todo esto en virtud de lo dicho en el segundo párrafo, ese en el que describíamos el teléfono como algo mucho más importante que un objeto.
    Muchos alumnos harían suya la frase «no sin mi hija» cambiándola por «no sin mi móvil» y no dudarían en enfrentarse al mundo por su defensa. Por sentimientos mucho menos intensos se han empezado no pocas guerras.
   

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