Política de comunicación

Desde las elecciones andaluzas, los fontaneros del Partido Popular han decidido que tienen que comunicar mejor la enorme cantidad de cosas buenas que han hecho. La idea es que si han perdido no es porque hayan hecho méritos para que no se les vote sino porque no lo han contado bien. Detrás de esta Nueva Verdad que ya se aprestan a proclamar los centenares de periodistas palmeros del gobierno hay dos maldades: la primera, que somos tontos y no nos enteramos de cómo son las cosas de verdad; la segunda, que somos otra vez tontos, seres suspectibles de aceptar sin pestañear un buen lavado de cerebro.


A partir de ahora nos van a contar mil veces que la cosa económica va a mejor, como si no estuviéramos viendo que las grandes cifras se componen de pequeños contratos y que hay millones de personas que no pueden tener un proyecto de vida más allá de los tres meses en los que el jefe, si lo tiene a bien, le va a pagar lo que ha firmado.


Los entrevistables del partido reciben cada día por email las consignas que tienen que soltar ante los micrófonos, les pregunten lo que les pregunten. Me pregunto si el cambio de estrategia será dejar de mentir como bellacos diciendo que no se han reducido los presupuestos en Sanidad o bien explicar lo bueno que ha sido eso y cerrar plantas de hospital y llevar los pacientes a centros privados. También, si escucharemos dónde residen la ventajas de ser el país más desigual de Europa. Si se explicará las ventajas que a España le supone que el partido del gobierno pague sin IVA las facturas de sus chapuzas domésticas, rompa los ordenadores donde hay pruebas de sus chanchullos o se persone como acusación particular para defender a Bárcenas O lo extraordinariamente bien que le van a este país las retrógradas leyes del ministro de Interior, los negocios del ministro de la Guerra o las amenazas del ministro de Justicia y Separación de Poderes.


La economía es muy importante. Y sobre todo estando las cosas como están. Pero hay muchas otras razones para no votar al Partido Popular, plagado de liberales que no han dejado de cobrar del presupuesto público, permitir que los amigos se enriquezcan del mismo sitio y redactar leyes capaces de restringir cualquier cosa que no deba restringirse. 

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