Copistas

En realidad, el alumno no tiene ningún concepto previo sobre el papel del profesor. Sobre en qué debe consistir una clase. Cuando llega a segundo de Bachillerato, atesora cientos de experiencias diferentes, profesores que han hecho de todo. Bueno, malo y peor. Si le apuran, el alumno dirá que prefiere un profesor que haga las clases divertidas. Aunque también es posible que prefiera a un tostón si al final las notas son mejores. El alumno no se rebela si, a estas alturas de su vida académica, llega un tipo que reduce la didáctica a abrir el libro y dictarles el contenido que deben apernder para el examen. Entre los inconvenientes de esta negación de la didáctica, el alumno anota que se aburre mucho, que le sobreviene algún dolorcillo de muñeca, bastante pasajero, y hay quien dice que de esa manera no entiende gran cosa del contenido de la materia. 

     Pero las ventajas también existen, no hay que dejarse llamar a engaño. La primera es que el profesor expurga el polvo de la paja ahorrándoles un tiempo precioso y asegurando así que está bien hecha una tarea en la que no todo el mundo es igualmente diestro. La segunda es que, estando como está hecho al aburrimiento, el alumno puede copiar con una parte de su cerebro y vagar por donde quiera con otra, reduciendo así la sensación de monotonía e incluso encontrando momentos placenteros cuando dé con la ensoñación adecuada. En tercer lugar, los alumnos son puestos en una situación mucho más democrática ante el examen, y es que desaparece la distinción entre el perspicaz que sabe enfrentarse a situaciones desconocidas y el más bien zote que solo memoriza. En el momento del examen solo habrá diferencias entre el que ha querido memorizar y el que no y, secundariamente, entre el que tenga buena y mala memoria. Poca cosa en comparación con los exámenes a los que debeería someterse un tipo a punto de cumplir la mayoría de edad.

     En cualquier caso, todo esto son disquisiciones del profesor. El alumno lo simplifica todo y va al corazón de las cosas, a lo que importa de verdad. El que habla es, además, veterano y suficientemente maduro. Y dice:

     - Da igual. Si al final tienes que apréndertelo todo, ¿qué más da que tengamos que copiarlo en clase que no?

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