Un papel en el suelo

Cuando un profesor trata de que un estudiante recoja del suelo un papel que ha tirado, tiene uno la sensación de que está en la antesala de la gran revolución.


Jamás un alumno admite haber tirado el papel, aunque lo haya hecho tan cerca de ti que casi te atiza en la nariz cuando tomaba impulso para hacer el lanzamiento. Si cree que no hay evidencia de que él es el responsable, no hay argumento sobre la faz de la tierra que convenza al estudiante de que doble el espinazo. El bienestar colectivo (aunque no sea tuyo, recógelo por el bien de todos) es un concepto que no puede transmitirse. El bien de todos es un no-concepto. No existe. Siempre prevalece ese otro de ese-papel-no-es-mío.


Si la petición la hiciese una anciana cuya vida dependiese de que retirase el papel, no habría compasión para ella. Ese-papel-no-es-mío. Tampoco si la petición la hiciese Mike Tyson. El alumno se sabe protegido por su condición de menor de edad. Intocable. Como el papel.


El otro día asistí a la impotencia de tres profesores para hacer que un alumno recogiese una pelota fabricada con papel de aluminio. Varios alumnos habían estado jugando con ella y en cierto momento invadió un pasillo distinto al que habían convertido en campo de juego. Quizás ese alumno no dio la patada mortal que envió el objeto a la otra cancha pero le había dado otras, naturalmente. Ni el primer profesor, a cuyos pies cayó el balompédico artefacto. Ni el segundo, que venía del pasillo donde se disputaba el juego. Ni el tercero, con galones de jefatura de estudios, logró otra cosa que perpetuar una discusión con una altura intelectual propia de un callejón de suburbio.


Cómo se resolvió el asunto no viene al caso de esta entrada. Ni la edad de los estudiantes, porque la rebeldía es siempre la misma. Ni siquiera la etiqueta de «buen alumno» sirve para estos casos. También ese estudiante se rebela.


La gran revolución, digo, se trata, en realidad, de la gran contrarrevolución. El joven como individuo a-responsable, la prevalencia de la mentira si entra en disputa con el bienestar. El principio no de la soberanía del uno sino del absolutismo del individuo.

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