Chicas y rivales

La alumna empezó el curso exponiendo su idea sobre el mundo con un manifiesto lapidario. Lo hizo el primer día de clase y en voz alta, para que nadie se llamase a engaño en los días, semanas y meses que quedaban por delante. El manifiesto tenía solo diez palabras: todas las chicas me caen mal porque son mis rivales.

     Como soy un varón, durante mis primeros años de vida ignoré esa versión del mundo y creo que si llegué a conocerla fue precisamente por mi profesión, ya que me topé con ella hace treinta años, cuando dediqué algunos meses a descubrir de qué forma la escuela es un escenario más donde se desarrolla el machismo. Ya entonces no me cupo duda de que la idea no era reciente sino que llevaba instalada en el corazón de muchas mujeres muchas veces treinta años, a pesar de lo cual, según me alejé del problema (una vez analizado, comprendido y sugerido cómo salvarlo), lo di por resuelto. Optimista, pero sobre todo cándido, me pareció entonces que en esta cuestión el cambio social era tan rápido que el machismo sería barrido como un castillo de arena por el golpe de una ola.

     Sin ganas para profundizar de nuevo en este asunto, me permito sospechar que el manifiesto de la alumna no es algo residual, una astilla clavada en ciertos ambientes depauperados social y culturalmente, sino una prueba de la persistencia de esta suerte de maldad. De hecho, explica fenómenos como que la nueva mensajería instantánea se esté utilizando como una forma de control mucho más férreo del chico sobre la chica; que sean muchas -pero muchas- las chicas que son objeto de violencia por parte de sus prematuras parejas y, por lo tanto, elevado a mayores, explica una parte de esas estadísticas que se nos sirven cada vez que un hombre mata a una mujer.

     Me pregunto en qué medida es también una prueba de la inutilidad de esas políticas educativas que dan por hecho que todos los problemas de la sociedad adulta se solucionan convirtiendo a las aulas en un quirófano que extirpa las enfermedades de la gran grey como si fuesen apéndices infectadas. Ahora la hemos cogido con la economía, y este nuestro gobierno de liberales (que mayoritariamente no han hecho otra cosa que cobrar sueldos del presupuesto) está convencido de estar creando generaciones de empresarios gracias a una asignatura que parece que enseña cómo se hace eso...

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