Pirámides

Publicada el 30 de agosto de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .


Es probable que podamos establecer una cierta regla entre el peso de lo divino en una sociedad y el tamaño de algunas de sus obras más inútiles. En líneas generales podemos decir que los pasos ganados por el laicismo son equivalentes a los centímetros de altura perdidos por los túmulos o los templos, considerando que el punto final es el Estado democrático, donde el pueblo jamás admitiría ponerse a construir la pirámide de Keops. Pero los gobernantes aprovechan cualquier resquicio en la delegación de poder que les hace el pueblo y se dejan llevar por el afán de trascendencia con demasiada facilidad. ¿Cuánto hay de búsqueda de lo mejor para los valencianos y cuánto de querer pasar a la Historia en el proyecto de Joan Lerma de construir un museo de las ciencias que incluyese la tercera torre más alta del mundo? En ciudades más modestas los disparates son más modestos, pero igual de disparatados. En esta semana se ha escrito en Cuenca de dos de los proyectos más absurdos que pudieran imaginarse. Por un lado hemos descubierto que el «bosque de acero» es aún más ridículo de lo que parecía porque, además de no servir para nada, ni siquiera puede usarse. Por otro, se ha comunicado a la ciudadanía que el museo de las plantas ha habido que cerrarlo porque una vez que no hay colegiales a los que meter a la fuerza, allí no va nadie, como sospechábamos todos menos quien se empeñó en hacerlo. El monto de estos dos fiascos ascendió a veintiocho millones, según cálculos optimistas. Como dije en otra ocasión, me hubiese gustado que los que entonces tenían la sartén por el mango hubiesen manejado el dinero como si fuese suyo y no como si fuese mío, porque en ese caso se lo habrían pensado mejor antes de tirarlo y, en lugar de levantar pirámides, como mucho hubiesen puesto un pararrayos muy alto en el tejado de su casa para tener de qué sentirse orgullosos.

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