Ordeno y mando

Cospedal ha prohibido que en los centros educativos se pongan mesas en donde la gente pueda votar si está a favor o en contra de la LOMCE y de los recortes de Wert en materia de educación. Es público que la organización de las consultas dice que las mesas se pongan cerca de los centros públicos pero fuera de ellos, de manera que lo que Cospedal quiere prohibir es esto último y no lo primero, que nunca iba a producirse.

    Parece que, otra vez, la derecha, entiende que la calle es suya.

    No dice Cospedal, pero se intuye, que los que participen en esas mesas pueden irse preparando porque antes o después les caerá un paquete. La región está sembrada de este tipo de cadáveres. Personas que han querido mostrar su desacuerdo en la calle (porque, por su naturaleza, el poder, lo tenga quien lo tenga, no deja otro ámbito a la protesta) y que han sido multadas de inmediato o perseguidas hasta que se ha encontrado un resquicio por el que imputarle comportamiento impropio. Reuniones ciudadanas que han sido boicoteadas; lugares públicos a los que se ha prohibido el acceso; personas, instituciones, empresas a las que se les han negado apoyos  y subvenciones. Que levante la mano quien no tenga un amigo, un vecino o un conocido al que no le haya pasado. 

    Así las cosas, estoy pensando en infiltrarme en el partido de la derecha solo por curiosidad. Necesito conocer en qué página de su Manual del Militante se dice que el ordeno y mando es una seña de identidad de la derecha. 

    La democracia, que no puede confundirse con votar de vez en cuando, significa admitir que otros pueden pensar de manera diferente y mostrarse respetuoso con ellos (aquí respetar significa ser imparcial)  en todos los órdenes de la  vida. Más aún entre los gobernantes demócratas, que deben dar ejemplo y admitir el desacuerdo, siendo el colmo de todo esto esa famosa frase dcien que de Voltaire, pronunciada cuando la democracia ni siquiera se vislumbraba en el horizonte: no comparto tu opinión, pero daría la vida por defender tu derecho a expresarla. La derecha de este país raras veces  ha admitido ese principio y menos todavía en estos tiempos convulsos.

    El ordeno y mando de Cospedal y otros presidentes de la derecha que conozco menos demuestra que la derecha le pone límites a la democracia, y que los fija allá donde termina su forma de pensar. Por una razón que se me escapa, el nuevo código penal de Gallardón ha pasado desapercibido, pero en él se contemplan penas durísimas por enviar un tweet en el que se convoque a una manifestación contra el gobierno. Por más que sea imposible encausar a centenares de miles de autores de retuits, Gallardón tiene bien claro que a los cabecillas los va a fundir para cortar la hidra antes de que se expanda. No sé si  Gallardón es alumno de Cospedal o ambos estudiaron en el mismo colegio de pago.  Tampoco sé si los discursos desde los púlpitos llamando a las manifestaciones contra los gobiernos de la llamémosle izquuierda tendrán esa misma consideración, pero será de ver, Dios mediante, al rojerío asistiendo a misa para denunciar a los curas que preparen las futuras manifestaciones contra el gobierno donde la derecha, entonces sí, volverá a ponerse detrás de las pancartas.

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