Moody´s

Pudo ser publicada el 21 de octubre de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo, pero se retiró y sustituyó por "El final"


Moody´s (que no es el nombre de una sala de fiestas sino de todo lo contrario) acaba de descubrir el Mediterráneo. Dice que en Castilla-La Mancha existe una «debilidad estructural de los fundamentos financieros», lo que significa (a) que somos pobres como ratas y (b) que debemos el dinero que hemos pedido prestado para tratar de vivir como gatos si no persas, al menos como gatos comunes. No hace falta ser Moody´s para llegar a esa conclusión. El escándalo proviene de cómo redondea el hallazgo. En los cuatro párrafos de su informe (el doble que esta columna: eso es todo), dice que no hay efectivo para funcionar y que el gobierno saliente no pudo dar cuenta precisa de cómo llevaban el negocio. Dice Moody´s también (y si esto no es hacer política, se le parece mucho) que no nos pone a la altura de Gabón gracias al gobierno entrante pero que como no resuelva a su gusto (al de Moody´s) los pagos de un par de carreteras que hay pendientes, allí nos mandarán. Es decir, les dirá a los especuladores (perdón, inversores) que o no nos presten un euro o lo hagan carísimo. Porque eso es Moody´s, una suerte de oráculo de los ladrones de cuello blanco que menudean en estos tiempos. Cuando nos iba bien gracias a la especulación inmobiliaria (y solo a eso), los políticos exhibían orgullosos las calificaciones de estos entes, y nadie se fijaba en que en los países que tenían peores notas vivían personas a los que estos individuos que nunca pasarán hambre les estaban complicando la existencia. Porque lo que hace Moody´s no es describir una situación ni (solo) criticar o alentar a un gobierno. Lo que hace es jodernos a usted y a mí porque su declaración es la coartada (más que el argumento) para que la parte de nuestros impuestos que sirve para pagar intereses de la deuda sea cada vez mayor. Incluso admitiendo que en estos años se ha gastado con mucha frecuencia demasiado y mal, no deberíamos olvidar que las sociedades están compuestas de personas y que lo que opinen, sepan o imaginen las agencias de calificación está muy, pero que muy por detrás, de lo que verdaderamente importa, que es el bienestar de las personas. Estoy seguro de que los gobiernos están de acuerdo con esto.

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