Madera de líder

Cuando Mourinho obliga a su talentoso grupo de jugadores a no rebasar el medio campo su objetivo es ganar el partido. Le da igual que sus detractores digan de él que niega el fútbol porque su idea del fútbol es ganar títulos, no cómo se ganen.

    Los líderes de la oposición son algo así. Quieren ganar su partido y no les importa cómo. Lo aprendimos con aquello de «OTAN, de entrada, no», que fue la manera que tuvo el PSOE de avisarnos de que la transición se salía entrando en un mundo de medias verdades y grandes mentiras y, desde entonces, no hemos dejado de asistir a una trapacería creciente de los aspirantes a gobernar. Las grabaciones de sus años de oposición muestran esa cara de Rajoy. El miércoles lo veía dando un discurso apocalíptico sobre la inmigración cuando aquí había trabajo para todos y fortunas para los constructores. Cuidado, que nos invaden -venía a decir-, con el apoyo de Zapatero.

    ¡Menuda madera de líder! En lugar de escrutar la realidad, tranquilizar a la población, transformar el miedo irracional de algunos en una fuerza positiva; en lugar de decir que la llegada de inmigrantes era un signo de riqueza y no de debilidad; en lugar de prometer un país donde los inmigrantes se consolidasen durante generaciones, como los grandes países del planeta; en lugar de eso, digo, se subió al discurso fácil de la xenofobia que se respiraba en las cafeterías y otros templos de la sabiduría y advertía de que cuando llegase al gobierno eso iba a cambiar. No iban a marcharse -decía- más andaluces a la vendimia francesa mientras aquí llegan riadas de inmigrantes a -se intuía- quedarse con sus lucrativos trabajos de peones y jornaleros.

    Ya ha llegado al gobierno. Ya ha ganado el partido, con ese y con otros discursos de semejante ralea, y ahora no hace falta que tome ninguna medida para que no vengan inmigrantes. Ojalá supiera tomar alguna para que se queden. Ojalá fuese un líder en el que pudiésemos confiar.

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