Más manos en la masa

El Mundo ha pillado ahora a UGT de Andalucía. Es el segundo caso de uso ilegítimo de fondos públicos que descubre y seguro que a él le seguirán muchos más. Si cualquiera a pie de calle sabe que el dinero que la administración da a los sindicatos para formación de trabajadores es la mano del cliente en los genitales del dentista («¿a que nos vamos a llevar bien, amigo?»), qué no sabrán los periodistas y, entre ellos, los grandes formadores de la opinión de un país.

     Muchos trabajadores llevan tiempo preguntándose en qué clase de sindicatos se han transformado los sindicatos de clase y estas noticias servirán para aumentar la desafección de la gente ante otra de las instituciones importantes de nuestro sistema. Los sindicatos, si bien se han convertido en una figura decorativa gracias a Fátima Báñez, en su momento eran grandes organizaciones que podían caer presas, y cayeron, de los mismos vicios que los partidos, ya que, como ellos, se alimentan de fondos públicos y forman parte del poder, por lo que se consideran dispensados de cumplir estrictamente con las obligaciones que se nos imponen a los demás.

     Me señala un amigo con quien comento la noticia que siempre ha habido ricos y pobres, y que en el mangoneo que hoy denuncia El Mundo cada sindicalista aprovechado gastó en una noche de cena y farra unos ochenta euros, seguramente menos de lo que le costó a Arenas el vino de cualquiera de sus comidas pagadas al mismo estilo .

     No le falta razón, pienso, pero eso no convierte a este pecado en venial y en mortal al de Arenas. Ambos hacen que sospechemos que, detrás de cada sonora declaración de buenas intenciones por parte de cualquiera que se ofrece para un cargo público, no hay nada más que una enorme mentira y ambos muestran el escasísimo respeto que (seguramente todos) mostramos por lo que es de todos.

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