Los caraduras

Publicada el 3 de febrero de 2012 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Las Cortes de Aquí están a punto de aprobar una Ley del Merme, que podría decir José Mota, que hará que la administración gaste menos dinero en sus empleados. La primera medida es que todos los funcionarios trabajen media hora más cada día. Se conseguirá así que la hora trabajada salga más barata y aumente en ellos la sensación de estar siendo tratados como si todos fueran Barreda: no se ve qué otro ahorro puede suponer. De hecho, dice un amigo médico que en su caso la medida tendrá el efecto contrario al que se persigue porque en esas dos horas y media a la semana podrá prescribir el quirófano a más pacientes de los que podrán atender los cirujanos en su cuota de trabajo extra, así que aumentará la lista de espera. Otra medida consiste en no pagar a los funcionarios las horas que dediquen a formarse para hacer mejor su trabajo. Los expertos estiman que el ahorro puede cuantificarse en una miserable miseria pero la medida sirve para incidir en el vapuleo al funcionario y para un deterioro no ya de lo público sino del público: ¿cómo sabrá mi médico de los últimos avances para curar mis crisis de pánico? Más importante es la merma que producirá la gripe en la nómina de los funcionarios, ya que el absentismo por enfermedad tendrá el mismo tratamiento que el absentismo por negligencia: o sea, reducción de salario. No he leído más párrafos de esta ley por si la indignación me producía un ataque que me costara mucho dinero pero sí he leído una adicional que dice que este esquilado de derechos no afecta a los caraduras de los diputados, que aunque cobran de las mismas arcas que los demás, se señalan a sí mismos como privilegiados, al modo de la nobleza del absolutismo del XVIII, y quedan expresamente fuera de esta barrabasada. Se les debería caer la cara de vergüenza, si la tuvieran.

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