Libertad, seguridad y esas cosas

Escuchar a Nicolás Redondo Terreros decir que la libertad sin seguridad no es posible (ocho horas quince minutos de la mañana del viernes, 29 de noviembre), no tiene precio. ¡Si su padre levantara la cabeza...!

    A estas alturas es ridículo tener que volver a debatir qué cosa es la seguridad y qué es lo que debe proteger el Estado. Me parece increíble que Redondo Terreros haya olvidado que la seguridad de los españoles es la de poder comer, dormir y trabajar diganamente cada día. Conseguida esa seguridad, los políticos dejarían de temer que les mienten a la madre a la entrada de actos oficiales o que miles de ciudadanos les canten ripios a la puerta del Congreso. Para resolver un dolor de estómago los médicos aplican medicinas que eliminan el dolor, pero si no saben o no pueden hacerlo, ninguno le corta las cuerdas vocales al paciente para no oír sus lamentos, que es la solución que propone el ministro del Interior.

    Fernández Díaz, por cierto, se ufana en el Congreso de ser el mejor exégeta de la opinión popular. Precisamente él, que como otros ministros, solo se acerca al pueblo a través de las ventanas de su coche blindado. Ignoro cómo tiene la osadía de proclamarse el portavoz de la inmensa mayoría de la población, como hizo el otro día en la tribuna del parlamento. No sé cuántos millones de ciudadanos le han pedido que se impongan multas a quienes se manifiesten contra los políticos que los están reduciendo a la pobreza. Quizás lo haya oído de quienes, como él, acuden cada día a misa, y cree que eso es toda España, gente envuelta en cálidos y lujosos abrigos dispuesta a escuchar a un cura que dice naderías.

    El país no está más seguro sin los manifestantes del 15-M, el 25-S  o cualquier otro acrónimo reflejo de la indiganción de los desposeídos. Sin embargo, estaría mucho más seguro sin los miles de políticos que están encausados por ladrones, y contra ellos sigue sin haber leyes ni reglamentos específicos.

       

Escribir comentario

Comentarios: 0