La risa de la hiena

Publicada el 10 de febrero de 2012 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Hace un par de días, la cúpula de la patronal se presentó ante los medios de comunicación con la risa apretada de quien acaba de ver una película de los hermanos Marx o bien de quien acaba de ponerse redondo a base de jamón de bellota y vino caro. Tan impúdica le pareció al presidente tanta chanza que, aunque poco convencido, aconsejó a sus huestes que se pusieran serios cuando empezaban a tomarles fotografías. Y es que dado que su presencia en aquel escenario era institucional, habría de interpretarse que su felicidad era también institucional: es decir, público y lectores íbamos a pensar que no se reían por el cosquilleo del Vega-Sicilia sino por la satisfacción espiritual de tener un gobierno a sus órdenes. Luego, a lo largo de su discurso, y para no desmentir esa impresión, este tipo coincidió con Montoro y Rajoy en calificar como preventiva a la reforma laboral que nos ocupa; es decir, de momento no sirve para nada (o más bien para lo contrario de lo que se anuncia) y será útil cuando la economía mejore, igual de útil que hubiera sido haber hecho cualquier otra cosa o incluso no haber hecho nada en absoluto. Contrasta la expresión de felicidad de los grandes empresarios con la cara de funeral que tienen los jefes de los sindicatos, bien porque la reforma los deja prácticamente sin trabajo, bien porque pensar en sus representados les pone cara de vinagre. El otro día una amiga se preguntaba retóricamente quién está ganando con esta situación que vivimos. Lo mismo que, ayer por la mañana, un periodista le preguntaba a una profesora de Economía Aplicada. En la carcajada de hiena de Rosell debe de estar al menos una parte de la respuesta.

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