Iglesia

Publicada el 2 de noviembre de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .


Me pregunto por qué todos los ministros de Educación se empeñan en legislar una reforma educativa, como si el caletre no les diera para saber que la suya no va a durar más que cualquiera de las anteriores; es decir, nada. En realidad, la única manera de conseguir estabilidad en este asunto sería firmar una ley con dos dueños, algo así como la reforma Gabilondo-Wert, por poner el nombre de los más recientes. Pero esto no parece posible y tengo para mí que el obstáculo mayor para el acuerdo es la Iglesia. En el siglo XIX esta institución aceptó no reclamar los bienes que les incautó el Estado a cambio de quedarse con la educación de las almas. El liberalismo moderado (beatón y meapilas) aceptó con gusto y desde entonces no ha habido gobierno duradero con el convencimiento ideológico suficiente como para dejar a la Iglesia la catequesis y al Estado la escuela. Quizás (solo quizás) pudo hacerlo el PSOE de los años 80 pero tuvo que inventar la enseñanza concertada porque el Estado no tenía dinero para pagar toda la enseñanza obligatoria, de manera que la Iglesia ha seguido gobernando muchas almas y, en según qué sitios, muchísimas. Modas, bobadas o «asuntos capitales» como la distribución de horas o la educación para esto o para lo otro son solo cortinas de humo, algunas resueltas mal y otras peor, pero sobre todas ellas se alcanzaría un acuerdo con cierta facillidad porque no hay nadie con dedos de frente que crea de verdad que el futuro de un país cambiará con una hora más o menos de Matemáticas. Donde el acuerdo se hace imposible es cuando hay que tocar los intereses de la Iglesia, que se niega a ceder el control de una sola conciencia, que siempre se muestra dispuesta a apoderarse de cuantas más mejor y que, finalmente, impone un modelo de educación de gestión privada que permite a los obispos seleccionar al personal que da clases y al que las recibe. Y además hacer negocio. O sea, las cosas que de verdad importan. Y ahí estamos, no sabemos para cuánto tiempo.

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