García Márquez

Publicada el 27 de julio de 2012 en El Día de Castilla la Mancha .

Por mucho que se empeñe, la prima de riesgo no es la peor noticia del verano. Es verdad que tenemos pesadillas con ella, que vemos a McGiver por no escuchar las noticias y que sentimos por políticos, banqueros y otros ladrones un odio bíblico: antiguo y enorme. Pero seguramente la crisis pasará. Si de clase media para abajo nos convertimos en mendigos, los ricos se quedarán sin instrumento para seguir siéndolo, así que ya harán lo posible para que volvamos a ser ciudadanos sableables. Y si la crisis no pasa y nos transformamos en los nuevos subsaharianos, aprenderemos a vivir de otra manera y sonreiremos a la salida del sol cuando eso sea lo único que tengamos. Pero lo que no podremos superar es quedarnos sin las nuevas historias de García Márquez. Esa es la peor noticia del verano. Enterarnos de que este hombre no inventará otros cuentos, ni creará nuevos personajes ni supondrá más lugares inauditos. Saber que ya no puede ocupar su tiempo en encontrar el modo de juntar las palabras para que a los lectores nos suenen como una caricia y para que cada página sea la promesa de otra todavía mejor. Eso es malo y no lo del euro, porque todos los euros juntos no producen la satisfacción que leer un puñado de párrafos escritos por el colombiano. Sabíamos que alguna vez tenía que pasar, claro, pero ahora nos viene mal, pero que muy mal. De verdad. El último regalo que hice a otra persona fue la última edición de todos sus cuentos y el que me voy a hacer ahora mismo es sentarme a la sombra de un paraíso y releer aquella que empezaba así: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía, había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo». Y a la deuda pública, que le den.

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