Felicitación

Me acaba de felicitar por correo electrónico la persona que ha empeorado mis condiciones laborales de varias maneras. La misma que prefiere que los bancos no paguen impuestos a que yo cobre la extra de Navidad. Me acaba de felicitar una persona cuyo marido dicen que está comprando empresas sanitarias por doquier para ganar dinero con avaricia el cercano día en que ella, la que me felicita, decida traspasar los hospitales  a la gestión de su marido. La persona que el miércoles se sentaba en un banquillo, acusada de mentir.

      ¿Qué cojones me felicita?, me pregunto en román paladino.

      Claro, que, ahora que lo leo mejor, en realidad no me felicita nada. Me manda un «spam» desde una oficina que se llama «felicitacion@jccm.es» en el que no hay una sola palabra de felicidad. El texto que firma De Cospedal (el amanuense ha vuelto a darle alcurnia) es un fragmento de la Biblia que me hace temblar si pienso que es la declaración de intenciones característica de estas fechas:

Mientras un silencio apacible lo envolvía todo,

 y en el preciso instante de la medianoche,

 tu omnipotente palabra, oh, Señor, 

se lanzó desde los tronos reales del cielo

      El Libro de la Sabiduría, de donde se ha sacado la cita, continúa diciendo: 

cual implacable guerrero sobre la tierra condenada, 

empuñando la espada afilada de tu decreto irrevocable 

y cuando se detuvo, todo lo llenó de muerte

      Usted no sé, pero yo he sentido un escalofrío cuando he leído esto. Si cuando Cospedal felicita a miles de sus empleados les anuncia condenas, espadas, decretos irrevocables y muertes, mejor sería que los cielos la confundiesen.

     He pensado responder a este correo con cajas destempladas, como algún amigo ha hecho y me ha hecho saber, pero sé que no lo va a leer. Tampoco leerá esta columna pero quizás algún propio le pase un resumen. Por eso, quiero responder a su texto con otro. Primero he pensado en remitirle alguno de Marx (Karl) para que recuerde que un día fue una meritoria que hacía carrera en el PSOE, pero finalmente me he decantado por este otro menos apocalíptico, más laico, quizás más bello:

Solo soy verdaderamente libre cuando todos los seres humanos que me rodean son igualmente libres.

     Es una frase de Bakunin. Cospedal, y algunos otros, saben bien qué estoy diciendo.

     Felicidades a todos los demás.

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