El final

Publicada el 21 de octubre de 2011 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Ya hace mucho tiempo que estaban pasados de moda. No es que el asesinato lo hubiese estado alguna vez, pero hubo un tiempo en que en este país esperábamos cualquier cosa. Vamos, en este y en Francia, en donde no se fiaban del todo de nuestra democracia y por eso les daban cuartelillo. Pero de un tiempo a esta parte escuchar lo del nuevo escenario político-jurídico, lo del conflicto vasco y esas matracas sonaba sobre todo a rancio. Si ETA ha existido tanto tiempo ha sido porque no todos los vascos querían pertenecer un Estado diferente y no porque los demás españoles lo quisieran o no. A estas alturas, un territorio que, pese a todas las crisis, sigue siendo de los más prósperos del Estado, que mantiene instituciones prácticamente medievales que las distinguen del resto porque así lo quieren sus habitantes, que puede albergar legalmente un partido separatista o diez, que sale continuamente favorecido en las negociaciones con el Estado por mor de la puñetera ley electoral, y que forma parte de la Unión Europea que, aunque hoy parece un histórico venido a menos, sigue siendo una multinacional muy prestigiosa, a estas alturas, digo, un millar o dos de locos con una metralleta en la mano no son nada más que eso, unos locos y una antigualla. Ahora vendrán las interpretaciones sobre el porqué de hacerlo en este momento y no en otro y los juicios, opiniones y sospechas sobre qué ha dado o dará el Estado a cambio. Soy de los que espera que no se dé nada porque nada se les debe. Si alguna vez tuvieron una sombra de razón hace décadas que pasaron a ser solo asesinos, delincuentes comunes, una estructura mafiosa que, a diferencia de las italianas, ni siquiera dejó una pizca de prosperidad entre los suyos, sino todo lo contrario. Pero esos debates pasarán y lo que quedará es que ETA desapareció tal día como ayer. Es lo que se estudiará en los libros de texto. Y nosotros estuvimos aquí.

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