El extraño caso del político poseído

Es comprensible que Alfredo quiera llegar a la presidencia del gobierno. Después de haberlo sido todo, ¿por qué no aspirar a lo único que le falta? Ese tipo de renuncias solo puede esperarse de los que no tienen una personalidad ambiciosa; es decir, no de los políticos, desde luego. En política nadie está para dejar el sitio a otro. ¿Lo hizo Mariano después de perder y de volver a perder?
    No es cuestión de vanidad. Seguro. No es que Alfredo crea que él es el único dentro del PSOE capaz de ganar las siguientes elecciones. En realidad, ni siquiera se lo plantea. Simplemente, considera que es su turno. Los demás ya tendrán el suyo.
    Dicho esto sobre Alfredo, el hombre, considero que Rubalcaba, el político, ya ha echado por tierra todo el buen nombre que ha llegado a tener entre las elites politicas, Marhuenda y los suyos aparte. Después de la manera en que el gobierno ha laminado al país y de la podredumbre que ha salido de las vísceras valencianas y madrileñas del partido que lo sustenta, solo hay una razón que puede explicar que la expectativa de voto del PSOE sea inferior a la del PP, y esa razón es que el electorado lo considera tan culpable y tan incapaz de hacer otras cosas como considera al gobierno. El lema PPSOE del movimiento 15-M ha pasado de ocurrencia a convencimiento generalizado.
    No es seguro que la sustitución de Rubalcaba por Madina, Díaz o Talegón haga remontar el vuelo al centro-izquierda, pero es la única posibilidad, como todo el mundo sabe en este país si exceptuamos a Rubalcaba, que ha sido poseído por Alfredo y se ha quedado con el olfato político de un niño de siete años.
    La ruptura del bipartidismo que significa este fenómeno debería ser saludada con optimismo, pero las cosas no están tan claras. Dentro de dos años el ciclo económico habrá cambiado y, aunque seguiremos siendo pobres y parados, la expectativa de una ligera mejoría y el manejo de los medios de comunicación que hará el PP, colocarán a la derecha en una buena tesitura para seguir desmigajando el Estado del Bienestar con el apoyo de catalanistas, vasquistas y probablemente rosadíecistas (alias los de upeidé), mientras la izquierda sociológica de este país habrá de prepararse para otros cuatro años de penurias.
    Un trago amargo que habrá que tomar a la salud de Alfredo, de Rubalcaba o de los dos.

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