Volveremos a empezar

Publicada el 30 de abril de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

La tasa de paro no es la más alta de las que hemos tenido. Pero estamos cerca. Sin embargo, peor que eso es tener la certeza de que su evolución escapa a todo control. A estas alturas, apelar al gobierno es rezarle a Santa Bárabara porque truena. No creo que un presunto inútil como Díaz Ferrán hubiese mantenido el empleo con las cotizaciones más bajas o el despido más barato. Tampoco creo que Zapatero, que es más listo que yo, se crea a sí mismo cuando dice que según sus estimaciones (sobre la nada) el paro bajará y no tendrá nada que ver con los contratos locos del verano. Me parece obscena la ira de Rajoy porque si hubiese trabajo la exhibiría a cuenta de los hongos que se cogen en las piscinas. Ninguno conoce a un parado de cerca, o se comportaría de otra manera. El país vive de las ganancias inmorales de los años buenos, cuando los pisos se despachaban como el pan y los torpes tuvimos que aprender bricolaje porque en los talleres se reían de ti si no les encargabas mil unidades de lo que fuera. Sólo superviven (viven súper) los que contratan con el Estado, los mismos que se desgañitan pidiendo menos Estado. ¿Alguien estudiará qué procentaje del beneficio de las empresas rentables está asociado a sus relaciones con el poder (ya que de lo rentable que para miles es el poder nos dan cuenta los periódicos con regularidad)? Mal asunto. Esperaremos al cambio de ciclo, que es como esperar las lluvias de abril. Entonces el poder tampoco hará nada, incapaz de ver que algún día irán mal de nuevo. Y volveremos a empezar.

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