Un intenso olor a mierda

Publicada el 13 de agosto de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Un intenso olor a mierda acoge y despide a quienes llegan y se marchan de Cuenca por la carretera de la Mancha. El invento de sustituir el viejo vertedero por un moderno centro de tratamiento de residuos supuso también la sustitución del esporádico olor a goma quemada por una peste continua a vómito agrio. En la carretera debería señalizarse como zona de especial riesgo y sendos puestos de Cruz Roja deberían repartir mascarillas a las salidas de Cuenca y de Villar de Olalla, de doble capa para los motoristas, por favor. Si el Seprona no ha actuado debe de ser porque las alimañas no se quejan y la pituitaria humana no está catalogada como naturaleza a proteger por ningún servicio público, si bien puede ser que los guardias de las motos verdes se nieguen a aguantar la peste a pozo ciego y descompuesto y argumenten que el olor a podrido siempre ha sido cosa de los municipios. Cuando la marabunta de riqueza que va a traer el AVE llegue cerca de la estación y huela a letrina rebosante de inmundicia tardará en dar la vuelta menos de lo que tardará en llegar a Carretería, que, además, no va a ser poco, como cualquiera sabe. Cualquiera menos aquellos veintiún concejales que en mala fecha aprobaron poner el tren de la prosperidad a una legua del corazón de la ciudad pero a un paseo de su ojo del culo. Así se hablará de nosotros en las Españas: al tiempo. Pero traigo aquí al AVE de refilón porque el trenecito me importa un ardite. Lo que me importa es que son muchas las noches en las que me despierta el intenso olor a mierda que baja desde la colina.

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