Pecadores

Publicada el 26 de marzo de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Para explicar la conducta humana existe una vieja disputa entre ambientalistas y genetistas. Los segundos dicen que los malos lo son de nacimiento y los primeros opinan que los construye el mundo en el que viven. Supongo que la Iglesia no se mete en cuestiones de ciencia, siempre tan ajena a según qué cosas, y mantiene el genetismo a ultranza contenido en la idea del pecado original: todos somos pecadores desde que dejamos de ser cromañones. La exagerada proliferación de casos de pederastia destapados entre los curas debería hacer pensar al Papa y sus consejeros que algo no va bien en los mecanismos de reclutamiento de vocaciones y tendrían que incorporar a los seminarios un programa de detección de pecadores, algo parecido a lo que tienen los ejércitos para descubrir cobardes (aunque no quiero imaginar cómo serían las palestras donde se reconcerían a los pedófilos). Eso o admitir que instituciones como el celibato o la separación obsesiva de los sexos dentro de la iglesia no son naturales y generan (además de la desmedida atención que la organización presta a lo que ocurre del ombligo hacia abajo) una parva de delincuentes que no conoce fronteras. La división entre el pecado (odioso) y el pecador (pobre descarriado) con la que el Papa solventa el asunto es una estupidez si de lo que se trata es de que no se vuelva a repetir porque seguirá sucediendo mientras no cambien las condiciones en que viven los curas (eso sin considerar que Dios manda al infierno al pecador y no al pecado porque seguramente los conceptos no arden bien). Pero ya se sabe que no hay peor sordo que el que no quiere oír.


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