Patriotismo

Publicada el 5 de febrero de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

P or lo menos una o dos veces al mes me llama un banco para ofrecerme un préstamo. Lo más curioso es que yo no tengo ni un céntimo en ese banco, de modo que únicamente aspira a ganar conmigo un nuevo deudor. Al principio, la idea me pareció una ocurrencia postmoderna o el delirio de un banquero que vota al pesoe, pero luego comprendí que el verdadero cliente del banco es el que le debe dinero, no el que se lo deja para que se lo guarde y encima, usurero, quiere el banco le pague. O sea, que ese banco quiere que yo sea su cliente. Esto ha subido mi autoestima considerablemente ya que para que una empleada (de una empresa subcontratada, seguro) me llame, alguien antes ha tenido que averiguar cosas sobre mí, desde la hora a la que estoy en casa hasta mi capacidad para afrontar los pagos del préstamo en estos días, lo que debe de implicar un, si no arriesgado al menos sí escasamente legal, trabajo de espionaje. Envanecido por tanta deferencia acabo de comportarme como un cliente en toda regla y le he dicho a la señorita (sudamericana, por supuesto) que le diga a su jefe que en lugar del nueve por ciento que quiere cobrarme estoy dispuesto a darle no más del cinco, y ya está bien, que Trichet está dispuesto a llegar al uno por ciento interbancario. Si acepta, y creo que lo hará, pienso ofrecer el capital a la pirmera pyme que me lo pida, y sólo al seis por ciento. Lo mío es patriotismo, y lo de Botín, avaricia.

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