Opiniones y justicia

Publicada el 16 de enero de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

Hasta hace poco, las víctimas de los delitos bastante tenían con serlo. Había alguna víctima insigne, como las del terrorismo, y otras que apenas conseguían convencernos de que lo eran, como las que fenecían por avaricia en manos de estafadores. Pero, la mayoría de las demás, quedaban igualadas en su condición de víctimas. Ahora las cosas han cambiado y existe una elite de víctimas compuesta por aquellas a las que se le pide opinión. Probablemente el asunto empezó con el padre de Mari Luz Cortés, a quien se convirtió, de pronto, en un experto en temas de sanciones judiciales y cuyas opiniones llegaron a interesar al presidente del gobierno. Ahora escuchamos la opinión del padre de Alba sobre la condena, considera que escasa, que han recibido los maltratadores. Ambos casos tienen en común la condición infantil de la víctima y el desacuerdo de los padres con la condena resultante (nótese que una sola circunstancia no sirve: una sanción leve no convirtió en protagonista a la esposa del hombre que Farruquito se llevó por delante), como si la magnitud de la desgracia nos confiriera la sabiduría de manera natural. Lo que se palpa es una desconfianza en la capacidad de la justicia para hacer justicia, seguramente derivada de lo complejos que son los criterios utilizados para hacer el código penal, sobre todo en comparación con la simplicidad y la eficacia de la Ley del Talión. A poco que los aprieten, los jueces incluirán una reivindicación nueva en su amenaza de huelga, justo antes de esa que pide la aplicación del acuerdo sobre retribuciones (que les paguen más, vamos), consistente en pedir una nueva asignatura en las escuelas para dejar de ser unos incomprendidos..



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