Los grillos de la cultura

Publicada el 17 de septiembre de 2010 en El Día de Cuenca y otros, supongo.

U
n tipejo, cuyo nombre hay que callar para no darle publicidad, ha decidido que quinientos grillos pegados por el dorso a un panel son una obra de arte. Desconozco si el comisario de la exposición está de acuerdo o es un bobo que ha decidido no cortar la libertad de expresión de los grillos mientras se mueren poco a poco. No tengo nada a favor de los grillos, ni en contra. Pero sí tengo cosas en contra de estos mentecatos que alguna vez han oído que el artista tiene que romper con lo que se hace en su tiempo, que no saben hacer la «o» con un canuto y que se creen que toda estridencia es arte. Este idiota debe de creer que sus grillos son como el urinario de Duchamp en versión siglo veintiuno. En lo poco que sé del asunto, el arte es una forma de expresarse, tanto las sociedades como los individuos, y es cierto que los mayores artistas lo han sido porque han dado un paso adelante en el camino que habían trazado sus maestros. Comparar el preciosismo con el que Van Eyck aspiraba a superar la rigidez medieval o los trazos geométricos con los que Picasso buscaba salirse del academicismo que manejaba con soltura, compararlos, digo, con un unos centenares de bichos muriéndose debería ser digno del destierro. Si la forma de expresarse de este ignorante es matar a quinientos bichos más vale que se le quiten las ganas de decir nada de aquí a que él acompañe a sus víctimas. Lo menos malo del asunto (supongo) es que la barrabasada la ha auspiciado la candidatura de Cáceres a la capitalidad cultural.

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