Llevar la razón

Publicada el 13 de febrero de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Dios nos libre de la enfermedad, del dolor, de la mala fortuna y de llegar algún día a encabezar la oposición a la presidencia del gobierno, aunque también a la alcaldía y a la comunidad de vecinos. Nada peor en el mundo que alcanzar este estadio, y no porque se parezca tanto al suplicio de Tántalo, aquel individuo condenado por su insensatez a tener al alcance de la mano las más ricas frutas y no poder tomar jamás ninguna. No por eso -que también- sino por sufrir la condena aún mayor de saber que la razón está de su parte y que nunca se le vaya a conceder. Ahora le toca a Rajoy en el asunto de la gobernanza del Estado. Es de ver cómo se desespera en su escaño cuando la ignorancia del presidente triunfa sobre su sabiduría. Sinceramente me da pena verlo a punto de perder los nervios (se le nota porque el ojo estrábico se le esconde debajo de la nariz) porque el país se vaya a condenar pudiendo alcanzar con él la salvación completa. También me da algo de pena porque tiene las mismas ocurrencias que Pedro J. Ramírez y Carlos Herrera, pero después, y porque a despecho de lo serio que se pone, ni a él ni a su rival los tenemos muy en cuenta. Sabemos -parece que mejor que él- que discuten porque forma parte del espectáculo, como se pegan dos boxeadores que ni se odian ni se conocen. También sabemos, por último, que Rajoy dejará de llevar la razón cuando -si ocurre- alcance la presidencia del gobierno. Esa es, en último extremo, su tragedia: verse obligado a elegir el poder y despreciar la razón.





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