La  ley casi anti-tabaco

Publicada el 1 de mayo de 2009 en El Día de Cuenca y otros, supongo.


Todas las mañanas, a primera hora, observo a un retén de fumadores en la puerta trasera de un centro de trabajo. Esta es una de las consecuencias positivas que ha traído consigo la ley casi anti-tabaco. Antes, cada uno fumaba cuando le apetecía y lo hacía a sus uñas, como muchos otras cosas que nos ocupan cotidianamente. Ahora, fumar ha devenido necesariamente un acto de profundización de las relaciones sociales. Durante la mitad del día hábil para fumar todos los cigarrillos se comparten y eso hace que la gente se sienta cada vez mejor ya que tener más y mejores amigos es motivo de satisfacción. Si la psique influye realmente en el soma nos encontramos, pues, con que los cigarrillos nos consumen por un lado y nos dan salud por otro. O sea, empate en el balance sanitario individual. Además, el fumador no se exhibe ante la ciudadanía como un débil de espíritu incapaz de superar una adicción (como seguramente quería ley casi anti-tabaco) sino como miembro de un grupo fuerte y cohesionado que ha conseguido que el tiempo que dedica a profundizar en su vicio se considere tiempo de trabajo. Sin duda, el mayor logro del proletariado desde las vacaciones pagadas. Hoy, que es el Día del Trabajo, además de reivindicar algo tan imposible como que la crisis no se meriende a los trabajadores, los sindicatos deberían pedir (y no es broma) que los no fumadores disfruten de un mes y medio de vacaciones. O bien que si su vicio es fornicar les permitan hacerlo a troche y moche en el centro de trabajo (lo que ojalá no fuese una broma).


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